Hay una pregunta que ya no podemos seguir esquivando: ¿A quién responden realmente nuestros funcionarios, congresistas y formadores de opinión? Porque cuando las decisiones que se toman en el país favorecen primero a organismos internacionales, ONGs extranjeras o intereses geopolíticos de otros, y solo después, si acaso, al ciudadano dominicano, algo está podrido en la casa.
No es xenofobia. Es soberanía. Y es sentido común.
En los últimos años hemos visto cómo temas clave —migración, educación, energía, medio ambiente, seguridad— llegan al debate público ya cocinados, con lenguaje importado, metas impuestas y “recomendaciones” que parecen órdenes. Se firman pactos sin consultar al Congreso. Se adoptan currículos que nadie pidió. Se cede espacio en la mesa a voces que no fueron electas por nadie, pero que hablan como si gobernaran.
El problema no es que el mundo nos mire. El problema es que algunos de los nuestros ya solo miran hacia afuera.

LA AGENDA NO PUEDE SER PRESTADA
República Dominicana no es una sucursal. Tenemos derecho a definir nuestras prioridades sin pedir permiso. ¿Que hay crisis en Haití? Claro. ¿Que el cambio climático es real? Nadie lo niega. ¿Que hay que respetar derechos humanos? Por supuesto. Pero el cómo respondemos a esos desafíos debe nacer de aquí, con nuestros recursos, nuestra realidad y nuestro interés nacional por delante.
Cuando un funcionario repite al pie de la letra el guion de una agencia extranjera, cuando un legislador vota leyes redactadas en otro idioma y traducidas a la carrera, cuando un ministro se preocupa más por el aplauso de una embajada que por el reclamo de un barrio, estamos ante un servidor de agenda ajena.
RENDICION DE CUENTAS, NO DISCURSOS
Basta de poses. Si un funcionario viaja más a conferencias internacionales que a las provincias, que lo explique. Si una ONG recibe millones para “incidir” en políticas públicas, que diga quién la financia y qué pide a cambio. Si un acuerdo compromete fondos, territorio o soberanía, que pase por el Congreso y se debata de cara al país.
Exigir cuentas no es atentar contra la cooperación. Es ponerla en su lugar: una herramienta, no un mandato. Los países serios reciben ayuda, pero no reciben órdenes. Negocian, pero no se arrodillan. Escuchan, pero deciden ellos.
PRIMERO LO NUESTRO
Esto no va de aislarnos. Va de orden. Primero está la seguridad del dominicano. Primero está el empleo del dominicano. Primero está la frontera, el hospital, la escuela y el bolsillo del que paga impuestos aquí. Después, si sobra capacidad y voluntad, ayudamos al vecino. Pero no al revés.
A quien le duela más la crítica de un burócrata en Ginebra que el hambre en Elías Piña, que no pretenda hablar por nosotros.
La soberanía no se declama el 27 de febrero y se olvida el resto del año. Se ejerce todos los días, en cada voto, en cada contrato, en cada decreto. Y empieza por algo simple: exigir cuentas a quienes ya decidieron que su jefe no está aquí.
Porque un país que no pone su agenda primero, termina viviendo la agenda de otros. Y esa película ya la vimos. No tiene final feliz.


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LO QUE SE NECESITA ES UNA LEY QUE DECLARE LAS ONG ,E INSTITUCIONES QUE ESTAN PARA UNA COSA Y SIGUEN UNA AJENDA DISTINTA COMO NO GRATA YA QUE NO SE TOLERARA LA COLONIZACION DE NUESTRAS INSTITUCIONES POR DICHOS ORGANISMOS Y SUS AJENDAS CONTRARIA A NUESTRA SOBERANIA