El PRM solo espera su turno para caer (OPINION)

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EL AUTOR es periodista, jefe de redacción de Almomento.net. Reside en Nueva York.

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Todo poder que se cree eterno acelera su final. El PRM llegó con la bandera del cambio y en cuatro años se volvió espejo de lo que prometió enterrar. No hay autocrítica, no hay calle, no hay humildad. Hay una cúpula convencida de que el país les debe cuatro años más por inercia. Cuando un partido gobierna para su círculo, sin escuchar al barrio ni respetar las reglas, deja de construir futuro. Solo administra el tiempo que le queda. El PRM hoy no compite: hace fila. Y en esa fila, espera su turno para caer.

LA ARROGANCIA INSTITUCIONALIZADA

La primera señal del derrumbe es la arrogancia. Ministros que no contestan, directores que gobiernan por Twitter, operadores que tratan a la militancia como estorbo. La humildad del 2020 fue sustituida por el aire de superioridad del que cree que ganó por ser brillante, no porque el pueblo estaba harto del PLD. El dirigente que sudó la campaña ahora pide audiencia y no lo reciben. El empresario tiene línea directa. El colmadero tiene la puerta cerrada. Esa distancia no la resuelve un spot. La cobra el voto. Un pueblo aguanta crisis, no aguanta desprecio.

SECUESTRADO POR BURÓCRATAS SIN VOTOS

El PRM dejó de ser un partido para convertirse en una gerencia. Lo dirigen técnicos que nunca buscaron un voto, burócratas que no conocen un comité de base y consultores que ven la política en un dashboard. Las decisiones no bajan de los organismos: bajan de los despachos. Las convenciones son simulacros. Las candidaturas se reparten en cenas privadas. El método de encuestas es el biombo para legalizar lo que ya se acordó. Resultado: un aparato sin mística. Los locales están vacíos. La defensa del gobierno no existe en el territorio. Nadie moviliza gratis a quien lo trata como empleado.

LAS MISMAS MAÑAS CON OTRAS CARAS

Dijeron que venían a romper el clientelismo y lo profesionalizaron. Dijeron que venían a respetar la institucionalidad y la usan como garrote. Licitaciones con nombre, designaciones por apellido, reglamentos modificados por resolución, decretos que sustituyen leyes. El “nuevo estilo” fue solo cambio de beneficiarios. Antes el reparto era morado, ahora es blanco. El país sigue igual, pero el círculo está más rico. Y cuando la gente siente que el cambio fue de bolsillo, no de sistema, pasa la factura sin avisar.

ECONOMÍA DE POWERPOINT Y NEVERA VACÍA

El discurso oficial habla de crecimiento, de inversión récord, de estabilidad macroeconómica. La calle habla de plátano caro, de alquiler impagable, de apagones y de miedo. Esa brecha entre el PowerPoint y la nevera es mortal. El PRM gobierna para los indicadores, no para la gente. Celebra los números del Banco Central mientras el motoconcho hace magia para echar gasolina. La clase media está asfixiada y el barrio está harto. Un gobierno puede sobrevivir a una crisis. No sobrevive a la desconexión. Cuando el pueblo siente que el progreso es solo para otros, se cobra en la urna.

El síntoma más grave es el desprecio por las formas. Si la Constitución estorba, se busca el atajo. Si la ley limita, se tuerce con una interpretación “creativa”. Nombramientos que violan requisitos, órganos de control neutralizados, reglas electorales que se quieren mover con el juego empezado. El mensaje es brutal: las reglas son para los pendejos. Cuando el poder se pone por encima de la ley, le dice al ciudadano que su voto no vale. Y un ciudadano que siente que su voto no vale, no defiende a nadie.

SIN RELATO, SIN CALLE, SIN SANGRE NUEVA

“Nosotros no somos el PLD” dejó de ser proyecto de país. El PRM no tiene relato. No emociona, no convoca, no inspira. La mística del 2020 murió cuando el partido se mudó del barrio al penthouse. Los que caminaban ahora andan con escolta. Los que oían, ahora instruyen. No hay renovación porque los mismos de siempre bloquean. No hay sangre nueva porque la cúpula ve amenaza en el talento. Un partido sin relevo, sin calle y sin historia que contar, no enamora. Solo cansa. Y el cansancio electoral es el principio del fin.

EL VOTO CASTIGO

La base del PRM está desmovilizada. El dirigente no defiende al gobierno porque el gobierno no lo defiende a él. El militante ve cómo premian al recién llegado con padrino mientras a él lo cancelan por exigir derechos. Ese resentimiento se acumula y explota el día de las elecciones. No con marcha, con silencio. Con abstención. Con voto castigo. El PRM cree que la oposición no tiene con qué ganarle. Error. Muchas veces no gana la oposición. Pierde el gobierno. Y este gobierno está haciendo todo para perder.

CRÓNICA DE UNA DERROTA AUTO-INFLIGIDA

Sumemos: bases rotas, escándalos sin consecuencias, funcionarios que se creen dueños del país, elecciones internas secuestradas, soberbia como política de Estado y desconexión total con el sentir popular. No hay corrección porque no hay autocrítica. No hay autocrítica porque el poder aturde. El PRM no está en campaña: está en negación. Cree que con publicidad y con el aparato del Estado le da para repetir. Olvida que el dominicano ya tumbó a un partido de 20 años cuando se sintió burlado.

El PRM no está gobernando para trascender. Está contando los días. Sin pueblo, sin calle, sin humildad y sin respeto por la Constitución, no hay reelección que aguante. Por eso no hay que preguntar si van a caer. La pregunta es cuándo. Porque hoy, el PRM solo espera su turno para caer.

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27 minutos hace

SIN DESPERDICIOS MI HERMANO GRAN ANALISIS HAY QUE DEJARLO QUE SIGAN SONANDO