POR JUAN SANTIAGO MORILLO
En la Era digital, la línea que separa al periodista del creador de contenido se ha vuelto cada vez más borrosa. Las redes sociales, YouTube y otras plataformas han democratizado la posibilidad de informar, opinar o simplemente entretener.
Sin embargo, esta democratización ha traído consigo una peligrosa confusión: la de asumir que comunicar es lo mismo que hacer periodismo.
Hoy, en República Dominicana, no es raro ver a Youtubers, influencers y creadores digitales cubriendo fuentes en la calle, entrevistando figuras públicas, entrando a ruedas de prensa y generando contenido viral bajo la bandera de “noticia”.
Lo hacen sin formación periodística, sin apego a la ética profesional y, en muchos casos, sin verificar la información que publican. ¿Estamos entonces ante una generación que aporta al debate público o ante una usurpación de funciones?

La respuesta no es blanco o negro. Existen creadores responsables que visibilizan realidades ignoradas por los medios tradicionales. También hay periodistas que han migrado al entorno digital y mantienen el rigor de siempre.
Pero el problema surge cuando cualquier persona con una cámara o un micrófono se autodefine como “prensa” y se introduce en espacios donde la información debe manejarse con cuidado, criterio y responsabilidad.
El periodismo es una profesión. Tiene métodos, principios, responsabilidades legales y un compromiso social. No basta con tener seguidores, talento o buena dicción. Ser periodista es investigar, contrastar, verificar, contextualizar. Es servir al interés público, no a los algoritmos.
Límites
Por eso, urge que como sociedad dominicana comencemos a trazar límites claros. No para silenciar voces, sino para proteger el valor del periodismo y ordenar el ecosistema informativo. Esto incluye revisar las leyes de comunicación, fortalecer la autoridad del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), organizar acreditaciones, separar espacios en coberturas oficiales y, sobre todo, educar al ciudadano para que sepa distinguir entre información verificada y entretenimiento disfrazado de noticia.
Defender el periodismo no es un acto gremial. Es una necesidad democrática. Si todo el mundo es “prensa”, entonces nadie lo es. Y sin periodistas responsables, la verdad se pierde entre el ruido
jpm-am


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