El Coronavirus – La Crisis

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EL AUTOR es investigador y empresario agroindustrial. Reside en Santo Domingo.

 

Este tiempo nos da la oportunidad de pensar, ver y reflexionar detenidamente sobre muchos hechos que cotidianamente pasamos por alto. Y este sentarse a pensar, ver y reflexionar que tenemos la oportunidad de hacer, no es precisamente para buscar una forma de “matar el tiempo.”
Esta oportunidad que nos da la situación especialmente difícil que estamos viviendo, es para aprender, porque viendo lo que antes pasábamos por alto, y analizando las realidades que consciente o inconscientemente nos negábamos a ver, aprendemos.
Y es que lo que estamos viviendo no es algo que afecta únicamente a una parte del mundo, ni a una parte de la población, ni a un sector social o económico determinado, ni a un grupo específico de la población, este fenómeno nos afecta a todos, y ataca por todos los frentes.
Aprender a vivir las diferencias sin odios, resentimientos y sentimientos de venganza muchas veces injustificados, es uno de los retos. Es el momento de dejar de juzgar para destruir, si es necesario juzgar, que sea para construir, eso solo se logra cuando juzgamos los hechos y no a las personas.
Es momento de ver la verdad y poner cada cosa en su sitio, para que cuando toque reconstruir, lo podamos hacer sobre cimientos fuertes, de unidad en la diversidad, haciendo cada quien su parte y dejando que el otro haga la suya, valorando cada quien y su quehacer.
Esta crisis te mira a los ojos y te dice: todos somos hermanos, nadie es mejor ni peor que nadie y nadie es preferido, a la hora de caer o seguir, no existe ningún tipo de diferencia. El virus no le pregunta a nadie a qué clase pertenece, o a qué religión, si es rico o pobre; llega, se instala y hace lo que tiene que hacer.
Vivimos en una sociedad con diferencias de clases, y después de la crisis, seguiremos viviendo en una sociedad con diferencias de clases, pero si aprendemos de la crisis, esa diferencia deberá convertirse en un término que indique a qué se dedican esas clases, no que los componentes de una sean mejores a los componentes de la otra.
La crisis ha puesto en evidencia la importancia de las empresas del sector privado. Producto del peligro de contagio del virus Covid-19, prácticamente el sector productivo se ha paralizado. Las consecuencias de esta paralización son inmediatas.
Algunas de estas consecuencias son: aumento exponencial del desempleo, disminución sustancial de producción de riquezas y posible desabastecimiento de productos necesarios para el normal desenvolvimiento de la sociedad.
El Estado puede palear temporalmente la crisis que provoca la paralización parcial o total del sector productivo, pero cuando se le agoten los recursos, nada podrá hacer, porque los recursos del Estado provienen principalmente de la actividad privada: Impuestos.

Si la crisis no se controla o detiene a tiempo, todo el sistema colapsa, viene el caos, el desorden, hambrunas, epidemias peores que la del Coronavirus, desaparición de las instituciones, disolución de la sociedad, catástrofe total.
Quiere decir que en la presente etapa de desarrollo que vivimos, el sector privado productivo y de servicios juega un papel importantísimo para la estabilidad social, el crecimiento y el aumento del nivel de vida de los componentes de la sociedad.
Ese sector privado está compuesto principalmente por micro, pequeñas y medianas empresas. En República Dominicana Las Mipymes constituyendo el 98% del tejido empresarial, con una participación en el PIB de un 38.6% y con una generación de más de 2, 500,000 empleos. (Informe de gestión 2019 Mipymes)
Eso significa que un 98% de las empresas dominicanas son producto de emprendimientos de mucho esfuerzo y corazón, muchos de esos emprendedores han sacrificado todo su patrimonio para crear una unidad generadora de riquezas que genera empleos y estabilidad.
Esos emprendedores forman parte de una clase, que no deja de ser trabajadora, pero que muchos se empeñan en dividir entre clase trabajadora y clase empresarial, sin embargo, no hay tal, todos son trabajadores: cada quien en su quehacer.
Lo que existen son, por un lado, personas que sueñan, se esfuerzan, arriesgan todo y trabajan por un sueño que otros no tienen ni se plantean, esos hacen riquezas, muchas veces prácticamente de la nada, pero también generan oportunidades y bienestar.
Por otro lado existen personas que trabajan voluntariamente en las unidades productoras de riquezas que esos soñadores crearon, arriesgando muchas veces su patrimonio, cosa que hacen para generar riquezas para sí y también para la sociedad en su conjunto.
La mayoría de los recursos de los que dispone el Estado, no salen de la nada, salen de todo el conjunto de la sociedad; creadores de riquezas: empleadores y empleados, mediante la recaudación de impuestos.
De ahí salen los fondos de los que hoy está disponiendo el Estado Dominicano para hacer frente a la actual crisis. Por eso digo que la situación difícil que vivimos debe llevarnos a reflexionar, evaluar todo en su justa dimensión, para erradicar los odios dentro de las diferencias.
No es malo generar riquezas, lo mejor sería que cada vez más personas se atrevan a arriesgarse a ser generadores de riquezas, como tampoco es malo trabajar para los que se arriesgaron a crear unidades generadoras de riquezas: no son enemigos, son amigos.
Lo que se podría calificar como negativo es que los generadores de riquezas quieran acumular más de lo que moralmente debería de ser, en detrimento de la dignidad humana de los que laboran en sus unidades generadoras de riquezas, pero eso es otra discusión.

c.aybar@nikaybp.com

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MABICERO UNA PREGUNTA:
5 meses hace

CUANTOS HAS SANADO TU Y TU PLAGOSERIA?
PONTE A LIMPIAR CALLES Y CONTENES CON UN CEPILLITO.