Complicidad del silencio

Una chispa de indignación se apodera del ánimo de muchas personas cuando conocen los detalles del caso del senador Félix Bautista. La indignación va creciendo como una hoguera con el paso de los días al salir a flote los planes de su defensa de envolver en cortina de humo esta descarada historia para que impere la impunidad. Se advierte que la suma de todos los conocimientos y el prestigio de abogados como Pina Acevedo, mis amigos Carlos Balcácer y Félix Damián Olivares, no serán suficiente para cambiar la percepción que tienen los alfabetizados e iletrados de que no es posible justificar de la noche a la mañana tanta riqueza. Con la agravante de que se ha ocupado una función pública en la que la duda de corrupción ha sido una pertinaz llovizna que por amplio que haya sido el paraguas este no cubrió totalmente de mojaduras a su administrador, pues es difícil un crimen perfecto sin que alguna prueba aflore como la sombra al caminar de espalda al sol. No es posible que el presidente de un partido se quede con la boca callada cuando el Secretario de Organización de esa entidad ha sido sometido ante la justicia por gravísimas acusaciones de corrupción. En cuál otro país del mundo, un partido político hubiera conocido de urgencia en su máxima estructura este caso para separar en el acto a ese dirigente hasta esperar la decisión de los tribunales y así evitar cualquier cuestionamiento de la población. Pero ha sido todo lo contrario, el silencio demuestra complicidad, respaldo en la mudez o espaldarazo cuando se acude a los lugares públicos exhibiéndose con este legislador. No en vano hay quienes expresan, “dime con quien anda…” Peor aun cuando se ha llegado a afirmar, “es como mi hijo”. Y parece que sí, porque quien observa el senador al hablar aprecia que mueve las manos y hace los mismos ademanes del que dice ser su “padre espiritual”. No se deben extrañar los lectores del descenso de un candidato en las encuestas y todavía no es nada. Su error es entender que esa dificultad lo resolverá la publicidad. No lo creo. Los limones agrios aunque se anuncien dulces no cambian de sabor. Ahora bien, la sabiduría popular es una enciclopedia de añejas enseñanzas, pues “cuando el río suena…” Esa es la realidad, no importa el disfraz. La verdad siempre emerge de las profundidades como el corcho.

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