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Cuando al fin haya pasado esta especie de fiebre mala que arropa el espectro político dominicano, estaremos de frente a un escenario incierto, lleno de brumas y temores, y la sociedad tendrá que levantarse sobre las cenizas de principios, valores y reputaciones perdidas como consecuencia del presente proceso electoral.
Nunca como ahora la población había sido testigo de tantos desparpajos, de tantas charlatanerías, de nuestra clase política, como si todo se tratara de «fiesta y mañana gallo,» han puesto sus intereses particulares y ambiciones desmedidas por encima del presente y futuro de la familia dominicana.
No han escatimado en nada; para algunos, es como si el barco hiciera agua, y quedaran pocos salva vidas, y tienen prisa, no atinan a pensar, ni analizan, para otros, es como pescar en río revuelto, el mar es para ellos y lanzan su red, mientras el capitán, se aferra al timón hasta más no poder, seguro de que le pertenece, que es todo suyo.
Y de repente, de golpe y porrazo, de una forma abrupta y desenfrenada, el decoro se fue a la porra, la actividad política la han convertido en una gran playa de nudistas, sin taparrabos, sin nada que cubra su ligereza, casi todos andan encueros, de igual a igual, porque ya no hay santos en los altares, ¡oh Dios! todo ha pasado en un abrir y cerrar de ojos.
jpm
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