80 obras en París rescatan el universo del dominicano José Castillo

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PARIS.- Cerca de 80 obras en dos plantas de la Casa de América Latina de París invitan a descubrir el universo de José Castillo (Santo Domingo, 1955 – París, 2018), un artista dominicano exiliado que convirtió la pintura en un territorio donde conviven la belleza y la violencia, la alegría y el dolor, la magia y la historia.

La exposición «Archipiélago improbable. Los mundos dominicanos de José Castillo» se sumerge en la obra de un artista poco conocido, pese a su relevancia. Su trabajo fue incluido recientemente en «París Noir» del Centro Pompidou, dedicada a los artistas negros que transformaron la escena parisina.

«En José Castillo, la perspectiva desaparece y una imagen se superpone a otra», explica la comisaria, Vivian Braga dos Santos.

Cada cuadro parece contener varios cuadros en su interior, como ventanas a realidades paralelas. Sus lienzos, explosiones de color, obligan a detenerse para descubrir la multitud de figuras que los habitan: cimarrones que huyen de la esclavitud, vírgenes, madres con bebés, inmigrantes en yolas, pájaros, aviones, salamandras, ángeles y demonios.

«Hace cohabitar varios mundos», resume Braga dos Santos. Religión, tradiciones populares, colonización, resistencia indígena, esclavitud y preocupaciones políticas y sociales atraviesan una obra nutrida también de fantasía y de los relatos de su infancia.

OBRAS CLAVES

Una de las piezas más reveladoras es «Con el mar en la cabeza» (1995), que expone la violencia y las desigualdades de la historia dominicana. En el óleo, las aguas del Caribe y un atardecer anaranjado ocupan el interior de una cabeza monumental. La belleza del mar se rompe al ver varias personas en una yola, rumbo a Puerto Rico y Estados Unidos.

Destacan también «Zambos n.º 2» (1997), sobre los cimarrones en República Dominicana, y «San Jorge» (1994), donde los símbolos religiosos conviven con criaturas del imaginario popular.

La muestra reúne pinturas, grabados, fotografías, collages, videos y objetos, incluidos materiales insólitos como papas transformadas en piezas artísticas.

EL EXILIO COMO ORIGEN

La obra adquiere otra dimensión con su biografía. Castillo abandonó el país en 1978, perseguido por su oposición al régimen autoritario de Joaquín Balaguer, y obtuvo el estatuto de refugiado político en Francia en 1980.

El resto de su vida transcurrió en París, en diálogo con artistas caribeños, latinoamericanos y africanos, sin dejar de mirar hacia la cultura dominicana y sus raíces africanas e indígenas.

El título, «Archipiélago improbable», remite a un poema de Pedro Mir que define a República Dominicana como un país heterogéneo y paradójico, hecho de encuentros y conflictos, donde se entrelazan distintas herencias culturales.

«Resulta difícil entender que una obra de semejante riqueza visual siga siendo relativamente desconocida», lamenta Marie-Annick Seneschal Castillo, viuda del artista y directora de la Fundación José Castillo.

jt-am

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