El «consenso» pone en peligro voto en el exterior y mutila la democracia

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La democracia no se negocia a puerta cerrada. Se ejerce en las urnas, se defiende en la calle y se respeta en la ley. Cuando un grupo de dirigentes decide qué es “conveniente” para todos sin escuchar a todos, deja de ser consenso y se convierte en imposición. Hoy, bajo la etiqueta de “consenso”, se cocina un pacto que amenaza directamente el voto de los dominicanos en el exterior. Y cuando se toca el voto, se toca la médula de la República.

EL VOTO EN EL EXTERIOR NO ES UNA CONSESION

No fue un regalo de ningún partido. Fue el resultado de décadas de presión, organización y dignidad de una diáspora que nunca dejó de ser dominicana. Más de 2 millones de compatriotas viven fuera. Solo en 2025 enviaron más de 10,200 millones de dólares en remesas. Sostienen hospitales, escuelas, colmados y techos. Invierten en sus pueblos. Pagan boletos aéreos con impuestos. Entierran a sus muertos aquí y bautizan a sus hijos allá, pero con el corazón en Quisqueya.

EL AUTOR es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York.

Reducir su peso electoral con el argumento de “armonizar criterios” es decirles: tu dinero sí, tu voz no. Eso no es democracia. Es una transacción. Y una democracia que transa derechos, tarde o temprano los vende.

ES UN REPARTO, NO UN ACUERDO 

Los partidos alegan que buscan “gobernabilidad”. Traducido: buscan evitarse problemas entre ellos. Para eso están dispuestos a sacrificar representación. Se habla de eliminar circunscripciones, de poner topes al padrón en el exterior, de cerrar colegios por “razones logísticas” que nunca aplican cuando toca buscar fondos de campaña en El Bronx o en Lawrence.

Un consenso real suma. Este “concenso” resta. Resta diputados de ultramar, resta mesas, resta acceso. Y todo pacto que deja fuera a un tercio del padrón potencial nace con pecado original: es ilegítimo. Porque la legitimidad no la da la firma de tres secretarios generales. La da el pueblo. Todo el pueblo.

MUTILAR LA REPRESENTACION ES MUTILAR LA REPUBLICA

El voto en el exterior no es simbólico. Define elecciones. En 2020 y 2024 fue decisivo en el nivel presidencial y congresual. Recortarlo con trabas técnicas es rediseñar el mapa electoral desde una mesa de negociación, no desde la voluntad popular. Eso tiene un nombre: ingeniería del poder.

Una democracia sin representación plena no es democracia. Es una obra de teatro con actores elegidos por el director. Y cuando se acepta que el derecho de unos puede “ajustarse” por conveniencia, todos los derechos entran a subasta. Hoy es la diáspora. Mañana será el voto joven si no conviene, el voto de la mujer si estorba, el voto del independiente si no cuadra.

EL COSTO INSTITUCIONAL DE EXCLUIR 

Debilitar el voto en el exterior rompe el vínculo entre el Estado y su principal socio económico: la diáspora. Rompe la confianza en el sistema. Alimenta la idea de que la política dominicana es un club privado donde las reglas se cambian si los invitados se vuelven incómodos.

Además, envía un mensaje letal a la región: que República Dominicana, país que se vende como referente democrático, está dispuesto a retroceder en derechos políticos para evitar tensiones partidarias. Eso no es estabilidad. Es parálisis disfrazada de orden.

NO HAY DEMOCRACIA DE SEGUNDA CATEGORIA 

No existen ciudadanos de primera en el territorio y de segunda fuera de él. La Constitución no pone un asterisco al lado del artículo que dice que la soberanía reside en el pueblo. No dice “el pueblo que viva entre la frontera y el mar”.

El «consenso» que sacrifica a la diáspora no busca paz institucional. Busca comodidad para las cúpulas. Y la comodidad de los dirigentes nunca puede valer más que el derecho de los ciudadanos.

Si de verdad creen en la democracia, que la sometan al voto. Sin topes. Sin recortes. Sin excusas logísticas. De todos y para todos. También de los que hacen fila en un consulado bajo la nieve, de los que cruzan un estado entero para votar, de los que mandan su remesa el 15 y su voto en mayo.

Porque la patria no termina en el aeropuerto. Y la democracia no sobrevive si empezamos a mutilarla por partes.

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