El problema de la migración haitiana hacia nuestro territorio parece un cuento de nunca acabar y lo que es peor, pareciera que por cada puerta que se cierra en la frontera, hay cinco que se abren para dar paso a indocumentados que pagan miles de pesos para penetrar a nuestro territorio huyendo de la situación de miseria y terror que padece Haití.
En la Era de Trujillo, representaba un castigo mandar de servicio a los militares a la frontera, pero la situación ha cambiado de una manera que da la impresión de que ahora se gestiona el traslado dados los pingües beneficios que deja el negocio de permitir el ingreso continuo de ilegales por las zonas vulnerables de nuestra frontera.
Siempre he abogado por la confiscación de los vehículos utilizados para transportar a los ilegales, pero la justicia es benigna y apenas los retienen, para luego devolverlos, mientras a los traficantes se le impone una multa y presentación periódica, incentivando así la reincidencia en el delito.
Mientras no se endurezcan los controles en nuestras fronteras y las sanciones a los traficantes, incluyendo el decomiso de los vehículos usados en el tráfico de ilegales, previsto en la Ley 13703, seguiremos sufriendo la penetración masiva de haitianos a nuestro territorio.
jpm-am


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