El metro neoyorquino tiene 10,000 cámaras funcionando 24/7, pero las de la estación antes, la del ataque de Brooklyn y la siguiente, no funcionaban en ese momento.
Alguien disparó contra una multitud en un vagón del metro sin matar a nadie, claramente estamos ante “el milagro de Brooklyn”.
El atacante, ciertamente, despierta todo un manojo de sospechas.
Con 62 años, más de seis pies, casi 300 libras de obesidad, un abuelo terrorista, tetón, y barrigón, “escapó” del cerco policial. Se aburrió, llamó por teléfono, se ubicó e identificó, y pidió que llegaran pronto, se le descargaba el celular y tenía hambre.
La policía reportó otro tiroteo en una estación del metro, en El Bronx, sin muertos, ni heridos, ni sospechosos.
En respuesta, hoy los vagones del metro cargan varios policías muy ocupados con sus celulares, pero “nos sentimos más seguros”, gracias a Dios y los gendarmes.


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