Stella Artois, Consurso de Cortometrajes Vs. Arte Cinematográfico

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Stella Artois y las grandes empresas comerciales e industriales como recurso mercadológico se lanzan a proyectar eventos artísticos, en este caso con el medio más exigente, riguroso, difícil y caro para realizar. EL cine.
Un lema de relaciones públicas, publicidad y propaganda deja dicho que las cosas se hacen bien y después se dejan saber, si no se tiende al fracaso y a la creación de una animosidad adversa a la marca o el producto que se quiere mercadear.
En las estrategias de los concursos sus responsables y representantes ponen en evidencia su principal interés muchas veces de forma descarada por impositiva, prácticamente a cambio de nada o muy poco, se auto proyectan con todos los recursos financieros a su alcance por todos los medios de comunicación, promoviendo marca y empresa vinculándolos a lo más sublime de la condición humana el arte y dando la idea de que lo promueven cuando en realidad lo que destacan es su mercancía, en este caso con el atractivo de una competencia, que es más el reconocimiento a la vanidad del individuo, ni siquiera un colectivo como es toda obra cinematográfica.
El cine y el arte no son deportes, motivar la competencia, quien es el mejor, condición siempre subjetiva, es una posición contraproducente, no contemplada en la personalidad creativa, intelectual y artística. Y si en el fondo de lo que se trata es de motivar el consumo de un producto perjudicial para la salud el asunto es grave.
Stella Artois más bien ha debido promover un concurso de clips publicitarios, y no contribuir en el género del arte, con lo que es una conducta ya de alta corrupción, por su incidencia en la cinematografía nacional.
Las supuestas obras de arte cinematográficas soportadas por los contribuyentes bajo la Ley de Cine, han venido a servir al lavado de dinero, desvío de impuestos y al favor de marcas y productos. Lo más distante, del noble espíritu de la Ley internacionalmente generalizada en busca de una actitud creativa y representativa de culturas locales, unas geografías específicas y una sola nación conocida con el nombre Mundo.
De más está afirmar, ya desde hace mucho tiempo, ni siquiera hoy día es ético, que una marca de productos alcohólicos se anuncie en la radio y la televisión con las consecuentes creaciones de malos hábitos y consumos en que se convierten, totalmente dañinos y destructivos, sobre todo en nuestro país donde existen las leyes como pura apariencia, para no parecer lo contundentemente salvajes que somos en la práctica.
Ya en el 2003 obtuve un Gran Premio Nacional en una Bienal Nacional de Artes Visuales, con una obra de un nivel crítico social y político, que solo justifico que se haya dado por un particular contexto y momento histórico de nuestra sociedad, el deterioro de las instituciones y la quiebra del Estado particularmente por empresarios siempre a favor o en contra de algunos sectores políticos. La obra se titula “Otra Presidente por favor”… la cual por encima de la ambigüedad de todo título, su principal mensaje sintetizaba la denuncia del abuso de empresas y empresarios en la dirección de sus operaciones por encima del interés y el bien colectivo.
Aunque ha cambiado la propiedad y dirección de la empresa en el mensaje implícito en el título y las imágenes de la obra, la superación de la realidad aún no ha llegado a los niveles deseados. Nuestra población adolescente y adulta al día de hoy sigue bebiendo más cerveza que agua en su régimen de consumo diario. Avergüenza e hiere sensibilidades la inundación de expendio de licores en todos los espacios comerciales de la nación y el descaro y exhibicionismo como cinturones del vicio alrededor de todas nuestras instituciones educativas.
Es reponsable, marca, producto, gobierno y empresarios de este descalabro conductual. Si. Sin embargo, como queriendo tapar el sol con un dedo, para encubrir, tapar, esconder y seguir haciendo lo propio, el lucro, sin importar si está mal para la integridad de la sociedad es que pretenden vincularse a lo más noble de la humanidad, el arte, la creatividad, la elevación de la mente y el espíritu a través de su discurso, por la justicia y la paz, anti racial, contra todas las barreras lingüísticas y las fronteras geográficas y de todo tipo.
Al nivel de violencia que ha llegado la sociedad dominicana tiene unos culpables indentificados, mal administración del Estado, sus núcleos de poder económico tradicionales y el libre albedrío y la falta de disposiciones en el consumo de alcohol, que sin dudas, por obligatoriedad en su promoción en toda actividad deben consignar es “Perjudicial para la salud”. En muchos países sin que sea extremista también debe aparecer en el producto mismo.
Como tapa de corcho del pomo, lo más grave es la inocencia y la falta de criterio y nivel ético y estético que se desprende tanto de artistas participantes, si en su construcción discursiva no existe un nivel crítico, intelectual y filosófico, como también de aquellos que desde esta condición del ser se prestan de jurado para exaltar algo que debieran saber que no existe, ni en la naturaleza ni la condición humana, “la perfección” a nombre de la cual se ha llegado a cometer el peor genocidio que se conoce en nuestra historia general.
av/am

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