Hace varios días que la ciudad de Santo Domingo vivió una pesadilla cuando un grupo de choferes se apoderó e impuso el caos y el terror en la primada del Nuevo Mundo. Situaciones como la pasada demuestra que ya la Capital no aguanta el modelo actual que se expresa en desorden, contaminación, violencia, inseguridad, irrespeto a las leyes, fuga de turistas, etc. Ha llegado el momento de repensar la ciudad de Santo Domingo, a fin de convertirla en una urbe en donde la ciudadanía conviva en armonía con todos los factores urbanos que son los que componen el mundo de hoy. Por lo primero que hay que empezar a organizar es por el pandemonio del mal llamado transporte público. La construcción del Metro de Santo Domingo fue una gran iniciativa, pero insuficiente, pues se requiere todo un conjunto de soluciones integrales que a la postre reivindicarían al sufrido pasajero o pasajera. La construcción de cuatro terminales de autobuses en las afuera de la ciudad, descongestionarían las atiborradas calles y avenidas de la ciudad. Esas terminales (higiénicas, pues muchas de las terminales existentes no tienen nada que envidiarle a una pocilga) serían el receptáculo de todo el sistema de autobuses de la geografía nacional. Las autoridades tienen indefectiblemente que abocarse a eliminar tanto el concho como el motoconcho, para darle paso a un sistema de taxis pintados de color amarillo con rayas negra, que permita el abordaje de tres personas como máximo, en el caso del concho; y dotar de pequeños vehículos de mínimo 8 pasajeros a los propietarios de motocicletas, y organizarlos en cooperativas y mejorar las calles por donde actualmente existen las rutas de los motoconchistas. Hay que aplaudir a las autoridades que han concertado un préstamo internacional para crear un corredor acuífero que conecte con las líneas del Metro. Pero eso hay que prolongarlo tanto al rio Ozama como Isabela, y de esa manera también ir rescatando ambos ríos que perfectamente pudieron ser los acueductos de Santo Domingo. Se hace inminente la construcción del ferrocarril tanto de carga como de pasajero, pero que éste debe ser desde Higuey hasta Santiago, para luego continuarla al sur, y de esa manera abaratar los costos de producción de nuestros productos agropecuarios. Cerrar definitivamente la importación de chatarras que en las calles únicamente contribuyen a la contaminación ambiental y a poner en riesgo la vida y bienes de las personas. Negociar por permuta con el gobierno de Japón o con el gobierno chino la construcción de todas las líneas del Metro faltantes, permitiéndoles a uno de esos gobiernos el usufructo de una zona libre para la comercialización de sus productos, lo que también generaría miles de empleos bien remunerados. Continuaré en la próxima entrega con este proyecto el cual nos permitiría vivir en una metrópoli que al paso que va nos asfixiará. Igualmente trataremos de protocolos que se hacen necesarios para la buena convivencia entre la ciudadanía.
Reconstruyamos la ciudad
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