Quo vadis, Putin ?

 Esta locución con etimología  latina, nos hace retroceder a  la época de Nerón Claudio César Augusto Germánico, uno de los emperadores más execrables de la antigua Roma, en donde  una de sus características de terror como gobernante, fue la persecución de los cristianos.  Fruto de esa situación  tuvo su génesis la frase que encabeza este humilde artículo, cuando,  y de acuerdo a lo narrado en «Los  Hechos de Pedro», uno de los libros apócrifos sobre el proceder de los apóstoles,  nos describe a dicho  apóstol  huyendo de la persecusión de Nerón y en su huida de Roma por la Vía Apia, en su trayecto se encuentra con Jesucristo que llevaba la cruz acuesta.
 
    Nos sigue diciendo el relato que Pedro,  al ver a Jesús le pregunta: «Quo vadis, Domine»? (A dónde va Señor?) a lo que Cristo le responde: «Roman vado iterum crucifigi» cuyo significado es: «Voy a Roma para ser crucificado de nuevo» . Manteniendo el tiempo y la distancia de los personajes,  y partiendo de la insistencia del actual gobernante de Rusia  Vladimir  Vladimirovich  Putin Pútina,  y  a su postura desafiante  frente a Occidente  en torno a los casos de Osetia del Sur en Georgia  y  Crimea en  Ucrania, es válido preguntarle: Quo vadis, Putin?
 
    Sin  duda alguna, que hay dirigentes políticos que todavía no han superado que la Guerra Fría ya concluyó. Que estamos frente a un mundo totalmente globalizado y que, a diferencia de antes, ya no solo se les gana al enemigo mediante una confrontación bélica, sino que ahora se emplea,  entre otras cosas,  las  guerras económicas, mediáticas, cibernéticas, etc.  Como bien dice el dicho: «Culpa del  tiempo es y no de España».         
    Es indudable que Vladimir Putin cae dentro de esa categoría de líderes  rusos que se han quedado mentalmente estancados en el pasado y que aún conservan sus añoranzas de querer ver a  la patria de Piort Stolypin convertida de nuevo en un gran imperio como lo fue hasta finales de los 80, en donde su socialismo se derrumbó estrepitosamente. Es obvio que, como buen socialista que reniega de abstraerse de su pasado en la KGB, no ha olvidado tan fácilmente sus ideales imperiales y comunistas.
 
    Vladimir Putin en su afan de llevar a su amada Rusia a la época antes de La Perestroika, tuvo la osadía de desafiar a Occidente y a los Estados Unidos, cuando las tropas rusas invadieron a Osetia del Sur, una ciudad de Georgia,  país que había sido un satélite de la ex-Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Aunque  el presidente de Rusia para esa época era Dimitri Medvédev, quien realmente mandaba detrás del trono era Putin, pues  Medvédev solo fue un presidente simbólico y un servil incondicional  de Putin  quien lo llevó de las manos  al  Gran Palacio del Kremlin.
 
    No conforme con lo anterior, Vladimir Putin volvió en sus andanzas de gavillero internacional  y de manera violenta, unilateral  y por encima de los acuerdos previos, anexó a la región de Crimea a Rusia, siendo dicha península perteneciente a Ucrania cuando la URSS se disolvió. Es dable destacar que todo esto se hizo ante la inercia del timorato musulmán nacido en Hawai, Barack Hussein Obama.  Ante los reclamos de varias naciones europeas, el Congreso de los Estados Unidos  y la misma Ucrania, fueron las razones que motivaron a que el  musulmán complaciente con los enemigos de la tierra de Thomas Jefferson, tomara inicativas para hacerles frente a la piratería de Putin en común acuerdo con la Unión Europea.
 
    Fruto de ello, los Estados Unidos les pusieron al régimen de Putin diversas sanciones económicas, las cuales de manera absolutas y contundentes, han impactado en la economía rusa llevando como consecuencia una devaluación del rublo y a un descomunal déficit financiero.  Estas medidas  aunadas a la disminución de los precios de los hidricarburos como el gas y el petróleo, dos herramientas básicas para Rusia,  hizo  que su fusión haya  sido catastrófica para el gobierno de Putin,  el cual está pagando caro su aventura de conquistador del Siglo XXI.
 
   Los resultados económicos que se perfilan para Rusia como resultados de las sanciones no pueden ser más magros: se estima una pérdida por las ventas del gas y petróleo estimadas en unos US$530,000 millones;  el Banco Central Ruso en un informe reciente, estima la salida del capital extranjero por una cifra de UD$100 mil millones para este año  y el próximo que ya  casi se inicia; la economía se estima retroceda un 4% de su crecimiento actual y es obvio que eso conllevaría  a un endeudamiento de la nación por el orden de un 10% con el FMI. Ya escasean muchos productos alimenticios en el país, el espectro de la inflación ya se comienza a notar  y muchos artículos han subido de precios.  Más negro no puedo ser el panorama para Putin y su gobierno y,  obviamente,  el pueblo ruso sentirá las consecuencias, que es lo que se conoce como  «los efectos colaterales»  en las confrontaciones de cualquier tipo.
 
    El pasado 20 de diciembre y en una rueda de prensa  televisiva de rendición de cuentas, el envalentonado y desafiante  Putin que hizo alarde de sus fuerzas en Crimea y en Osetia del Sur, apareció con un rígido semblante y en un tono apacible, pidiéndole al pueblo ruso «Que tuviera paciencia ante la crisis» por la caída de los precios del gas y el petróleo y las sanciones impuestas por los Estados Unidos y la unión Europea (UE). No olvidemos que tanto la caída de los precios de los hidrocarburos a nivel mundial, ha sido una consecuencia de la política interna en materia de energía de la Unión Americana, su recuperación económica ascendente y parte de una estrategia con su aliado saudí en el Oriente Medio.
 
    Ante este panorama, cabe destacar algo que en lo particular a mi me place sobremanera y confirma una vez más, lo que he sostenido en otros artículos sobre la influencia y el poder que ejerce los Estados Unidos sobre el concierto de las naciones.  La supuesta decadencia de los Estados Unidos como potencia, que solo se anida en las cabezas calenturientas de escuálidos mentales socialistas, es una mera utopía y un deseo irrealizable hasta ahora. Lo que haga o deje de hacer la patria de Lincoln, afecta a cualquier país,  llámese como se llame, algo que no es posible hacer con América. Como dicen las letras de un viejo merengue: «El tabaco es fuerte, pero hay que fumárselo», gústele o no a los utópicos idealistas socialista que siguen pensando que después de salcochados los huevos, pueden salir pollitos.  
 
 
    Dada las extremas medidas tomadas en contra del actual gobierno ruso y las consecuencias que de ellas se derivan para la economía de la patria de Pedro El Grande, es válido cuestionar y preguntarle al actual gobernante : Quo vadis, Putin?
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