La propaganda y la información suelen ser concebidas como una misma cosa, pero representan conceptos diferentes.
La propaganda es parcial, sensacionalista, alarmista, tergiversadora, mentirosa y manipuladora, en su propósito de persuadir y disuadir a las masas consumidoras de contenidos en torno a una situación. Su falsedad es tal que su mayor pretensión es venderse como verdad intachable.
La propaganda busca convertir en victimas a los verdaderos victimarios y a las victimas reales en «personas fatales, sin almas, represoras y asesinas», cuando su fin es derrocar a un gobierno democrático, como es el caso de Venezuela.
La información, en cambio, ofrece la realidad de las cosas y hechos, mediante enfoques que buscan la mayor objetividad posible, porque su fin es edificar y dar luz.
Los propietarios de la mayor parte de los diarios del mundo, de las cadenas de televisión, de las radioemisoras y de las redes sociales, constituyen la telaraña de la propaganda mundial en torno a acontecimientos sobre los que tienen intereses afines.
Los hechos de este sábado 23 de febrero en Venezuela en la frontera con Colombia sirven perfectamente para ilustrar la diferencia entre propaganda e información.
La información indica que desertan cuatro militares de la Guardia Nacional Bolivariana y pasan a Colombia; la propaganda, dice que fueron más de 60, sin presentarlos ni señalar sus nombres.
La información señala pruebas de que los dos camiones conteniendo la ayuda humanitaria fueron incendiados por individuos de la propia oposición, con bombas molotov del lado colombiano; la propaganda, en cambio, miente y atribuye la acción a la Guardia Bolivariana. Juan Guaidó la califica de criminen de lesa humanidad y las cadenas difunden el falso positivo «como verdad irrefutable».
El gran problema es el carácter monopólico vertical y anti- democrático de los medios de difusión que en aras de intereses comunes, de manera recurrente se prestan como medios de propaganda abierta, para crear el pretexto y el colchón que sirvan de amortiguamiento para el uso posterior de la fuerza militar extranjera contra un gobierno democrático.
El otro gran problema es que muchas personas en el mundo carecen de la capacidad de distinguir entre información y propaganda, por lo cual al final piensan, hablan y actúan en base a las manipulaciones y mentiras de sus desinformadores.
La Venezuela artificial creada desde la oposición por el imperio de la propaganda, se erige sobre las amenazas, la incertidumbre, el caos y la muerte; en cambio, la Venezuela de la información es la Venezuela de la paz, el amor, la vida y la esperanza.


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