Preocupación financiera global

La posibilidad de fracaso sistémico está íntimamente ligada a la estabilidad del mercado financiero y otros mercados, vale decir, a su resistencia a las grandes fluctuaciones de los precios, a las tasas de rendimiento de los activos, y a los volúmenes de reclamos o bienes prestados y vendidos.

Estas fluctuaciones destruyen la confianza y afectan las inversiones y el crecimiento, y pueden socavar la estabilidad macro y microeconómica del mercado. Por lo que es necesario evaluar los acontecimientos  y sus efectos de la liberalización de los mercados financieros durante el pasado siglo XX y el presente siglo XXI.

Hubo tres periodos en los que los movimientos interfronteras de capital financiero prácticamente no estuvieron regulados: primero, bajo el patrón oro alto antes de la Primera Guerra Mundial; segundo, durante el patrón de cambio oro entre guerras; y tercero, en el nuevo orden financiero liberal que se vivió antes del año 2008 en que explotó la crisis financiera-hipotecaria o crisis suprime en EE.UU.

El éxito del modelo Bretton Woods es un factor clave para evaluar el impacto de la subsiguiente liberalización, posterior a 1971. Durante los veinticinco años de funcionamiento efectivo del sistema- después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1970 aproximadamente-las tasas de crecimiento y empleo alcanzaron picos históricos en la mayoría de los países desarrollados como subdesarrollados.

El crecimiento de la productividad también llegó a un pico histórico, no solo en los países que intentaban ponerse a tono sino también en los líderes tecnológicos. Fue una edad de Oro. Como el sistema de Bretton Woods cayó a pique tras veinticinco años de extraordinario éxito económico es historia conocida.

El sistema posterior a la Segunda Guerra Mundial aporta más bien un punto de referencia para estudiar el impacto de la reducción de los controles sobre los movimientos de capital internacional que se puso en marcha cuando este comenzó a fallar.

La ola de liberalización del mercado de capital comenzó en la década de 1950 con la apertura de los mercados de la eurodivisa. Pero el colapso de Bretton Woods y la consiguiente privatización del riesgo de cambio extranjero desataron la explotación de los mercados de cambio extranjeros, que fue seguida por la creación de mercados de bonos globales en los años ochenta y de mercados de títulos globales a comienzos de la década de 1990.

La estructura reguladora tras la desaparición de las antiguas intervenciones del lado de la demanda implica requisitos de adecuación del capital para los bancos y privatización del monitoreo, y la vigilancia para las empresas financieras individuales.

La liberalización y el entorno regulador cambiante han sido acompañados por un aumento en la volatilidad de los precios y cantidades, que se ha propagado o contagiado, a través de los mercados más allá de las fronteras nacionales. Ya sea por los movimientos a corto plazo de las tasas de cambio y las tasas de interés o por oscilaciones más prologadas en la actividad mercantil.

Los mercados financieros volátiles generan ineficiencias económicas. La volatilidad crea riesgo financiero y, aunque existan facilidades para proteger o cubrir ese riesgo, el costo de formación del capital sube indefectiblemente. El impacto también hace mella por igual en las economías desarrolladas y en vías de desarrollo.

Para controlar el riesgo sistémico, a menudo los reguladores deben proveer garantías financieras o inyectar liquidez a las instituciones amenazadas.

La liberación internacional ha exacerbado la volatilidad del mercado y aumentado enormemente el peligro de contagio. En las economías desarrolladas este proceso ha implicado vuelco del sector público hacia políticas menos expansionistas y ha llevado a menores inversiones en el sector privado.

La liberalización trae algunos beneficios para algunas personas. El establecimiento de la industria de transacciones de divisas y sus consiguientes flujos de ingresos, crea un poder de compra real que antes no existía. Descarga riesgo en el sentido de volatilidad de los precios, en los mercados de cambio extranjeros.

Los operadores individuales pueden protegerse contra posibles oscilaciones futuras de las tasas de cambio gracias a los contratos derivados y ahorrarse sorpresas desagradables.

Podría esperarse que los mercados financieros más extendidos canalizaran recursos allí donde son necesarios y suele pensarse que la liberalización del mercado aumenta la eficacia microeconómica y en consecuencia, el crecimiento de la productividad.

Los costos de la liberalización por desgracia son altos ya que las pérdidas observadas y potenciales no son pequeñas. Los riesgos potenciales para las economías más avanzadas son mucho mayores.

Es innegable la creciente volatilidad y el contagio han vuelto menos estables a las economías de los países desarrollados y en desarrollo. Hay fluctuaciones más grandes en torno a la tendencia.

En las economías desarrolladas estos cambios se observan tanto en los sectores públicos como en los privados. Ante el creciente riesgo de crisis financiera, el sector público ha oscilado hacia una posición conservadora en las finanzas, en la que la estabilidad financiera es un objetivo superior frente a los de crecimiento y altos niveles de empleo.

En el sector privado, la volatilidad financiera aumenta el riesgo y desalienta las inversiones a largo plazo. Más aun las tasas de interés altas y volátiles tienen un impacto directo sobre el flujo de efectivo corporativo y, por lo tanto, reducen la reserva de fondos disponibles para inversiones. En las economías en desarrollo, la liberalización crea incertidumbre en los sistemas financieros. John Eatwell (2006).

De nuevo se asoma el fantasma de la desregularización financiera con la asunción al poder de los Estado Unidos del polémico señor Donald Trump del Partido Republicano quien recientemente firmó dos órdenes ejecutivas para iniciar el proceso de revocación de parte de la desastrosa reforma financiera impulsada tras la crisis de 2008 por su predecesor Barack Obama.

Órdenes ejecutivas que restablecerá la desregularización del sistema financiero de EE.UU. La Ley Dodd-Frank del año 2010, aún vigente tiene como objetivo incrementar la regulación y la supervisión sobre las grandes entidades financieras y evitar así la toma de riesgos que derivaron en la crisis que estalló en 2008, la más profunda que ha vivido ese país.

Fantasma de la desregularización financiera que podría traer a los Estados Unidos y el resto del mundo mucha inestabilidad financiera si no se evita que funcione tan abierta que produzca grandes estallidos en las instituciones financieras y demás empresas.

Ojala que impere el sentido común entre los encargados de revisar la Ley Dodd-Frank para evitar que el sistema financiero de ese país se liberalice totalmente y caiga en un caos financiero y de paso surja nueva vez el riesgo sistémico que afecte al mundo global.

Felix.felixsantana.santanagarc@gmail.com.

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