¿Para quién hablan y escriben nuestros líderes? 

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El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura. Reside en Santiago de los Caballeros 

    “La tarea que tiene el sujeto comunicante se divide en dos partes: saber lo que se desea comunicar, y saber cómo expresar su mensaje a fin de lograr que penetre lo más posible en la mente de sus oyentes”. (Bienvenido Díaz Castillo)  

Como me lo contaron se lo cuento. El hecho ocurrió hace ya muchos años en la llamada Villa del Viaducto: Moca.  

Un humilde joven del pueblo, poseedor de una sólida cultura general, lector voraz y muy dado a escribir versos, estaba locamente enamorado de una muchacha de incomparable belleza, pero con muy bajo nivel de escolaridad. Un día en que esta se encontraba sola en la casa donde ejercía como trabajadora doméstica, el Romeo de nuestra historia quiso aprovechar tan grata oportunidad para impresionar a la Julieta de sus sueños, solicitándole un servicio con las siguientes palabras:  

    “Linda célibe, ¿podría usted regalarme un vaso de jugo perlático producido por las glándulas mamarias de la consorte del toro?  

Al oír esto, la pobre muchacha se quedó por completo en el aire, vale decir, no entendió absolutamente nada. O como dicen los lingüistas, no pudo descodificar el mensaje y, merced a esta realidad, tampoco pudo interpretarlo.  

En otras palabras, no hubo comunicación. Y esto se debió, sencillamente, a que el culto enamorado (emisor o sujeto comunicante) empleó unas terminologías y formas expresivas que no estaban en consonancia con la formación académica y baja competencia léxica de un receptor – oyente que apenas sabía leer y escribir. Conforme a esta incomprensión, a la joven del relato le resultó imposible captar de inmediato que era un vaso de leche lo que en realidad solicitaba su romántico pretendiente.  

Para que la comunicación resulte efectiva, las palabras utilizadas por el emisor (quien habla o escribe) tienen que estar acorde con las características sicológicas y socioculturales del receptor (lector u oyente). Pensar en este constituye la clave de una buena comunicación.

Porque solo pensando en el receptor se puede asegurar la claridad del mensaje y su correcta interpretación.  Solo así el sujeto comunicante demuestra que sabe hablar y escribir. En fin, si en el acto comunicativo, de entrada no se piensa primero en la competencia del destinario de la idea trasmitida, nunca habrá comunicación efectiva o eficaz  

De no procederse así, automáticamente se producen los denominados “ruidos semánticos” que no son más que todas aquellas barreras o circunstancias que en el proceso de la comunicación dificultan e impiden la compresión efectiva de un determinado mensaje. Es lo que sucede a diario en el discurso de los principales líderes políticos y sindicales de la República Dominicana, quienes al igual que el protagonista de la anécdota antes relatada, hablan y escriben sin tomar en cuenta las diferencias individuales y la competencia tanto lingüística como comunicativa de las personas a quienes va dirigido el mensaje. Basta leer lo que escriben esos dirigentes para convencernos de tan preocupante realidad.  

¿Cómo es posible que un líder político de un partido de izquierda, cuyos miembros, se presume, son en su mayoría obreros, escriba en el órgano informativo de su agrupación política que en la República Dominicana «No se vislumbra un repunte de la economía por ahora?»  

¿Qué entenderán las masas iletradas o semianalfabetas   cuando en la nota editorial del periódico de su partido leen, sobre la alianza electoral por este propuesta, que “Su éxito descansa en el sentido de oportunidad con que sea materializada y para ello hay que deponer las actitudes de autosuficiencia de los falsos escrúpulos acerca de la idoneidad, firmeza y consecuencia de una que otra fuerza?”  

¿Cómo es posible que el presidente de un partido de izquierda proclame en una convención compuesta en su mayoría por chiriperos, choferes y obreros que es posible alcanzar el poder si determinadas corrientes políticas “galvanizan una amplia alianza electoral”      

Refiriéndose a semejante comportamiento lingüístico en los niveles directivos de muchas organizaciones políticas y sindicales, Maximiliano Jiménez Sabater y Agustín Navarro consideran que «Es de lamentar que las energías desplegadas por tantos luchadores de estos, a menudo personas de ideas brillantes, se queden a medio camino por falta de una comunicación lingüística adecuada con sus grupos destinatarios» (Una guía de redacción para la comunicaciópopular. CEDEE, 1983 p. 13).  

Deténgase amigo lector, aunque sea por breves minutos, a leer o escuchar las declaraciones y discursos de los dirigentes políticos y sindicales de nuestro país. Y como yo, usted también tendrá necesariamente que preguntarse:  

¿Para quién hablan y escriben nuestros líderes? 

dcaba5@hotmail.com 

jpm-am

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La defensa.
2 meses hace

Es cierto. Es necesario tener claro el destinatario del mensaje, el contenido y la forma de comunicarlo, que debe ser clara, precisa, directa y sencilla.

Rosa E
Rosa E
2 meses hace

Sr. Caba, algo para filosofar: No Hay Sabio Con el Estómago Vacío.,Un Pueblo Bruto no Sirve para nada, El saber de nada sirve si no Hacemos los que Sabemos, es mejor hacer que decir, porqué al hacerlo se dices sólo.

La defensa.
Responder a  Rosa E
2 meses hace

En realidad el pueblo no es «bruto», sino, la persona que ignora su idiosincracia y su nivel cultural.

Carlos McCoy
Carlos McCoy
2 meses hace

Totalmente de acuerdo profesor Caba.
Uno tiene que saber cuál es el nivel intelectual de su audiencia.
Los casos de Juan Isidro Jiménez Grullón y Juan Bosch en el 1962, son dos de los mejores ejemplos.
El doctor Jiménez Grullón nunca entendió a qué conglomerado humano se estaba dirigiendo. Por el contrario, el profesor Bosch hizo mucha empatía con la ciudadanía pues adecuó su discurso al nivel del pueblo dominicano en esos momentos.

Luis De New York
Luis De New York
Responder a  Carlos McCoy
2 meses hace

Carlos. creo que tu esta equivocado sobre cual fue la personalidad del Dr. Jimenez Grullon. El Dr. hablaba y escribía totalmente desconectado de el pueblo, porque esa fue su formación como intelectual. Al Dr. se le oía decir, algo que el deseaba. Como intelectual, si algo me lleva Juan, es que escribe y habla, el lenguaje del pueblo.

ROSA FERNÁNDEZ MATEO
ROSA FERNÁNDEZ MATEO
Responder a  Luis De New York
2 meses hace

JAJAJA… CUANTAS FALTAS ORTOGRAFICAS EN UN SOLO PARRAFO COMETE ESTE HAITIANO CON INFULAS DE INTELECTUAL… 😂

Miguel Espaillat
Miguel Espaillat
2 meses hace

Totalmente cierto…

JORGE FRANCO
JORGE FRANCO
2 meses hace

Esto ocurrió en Miami, cuando estaba de visita ( a la sazón vivía en Suecia). Mi hermano y yo entramos en una pizzería y al pagar, algunas monedas estadounidénses se mezclaron con otras suecas que llevaba conmigo. La camarera, al ver las monedas suecas dijo:»Ah..que monedas tan raras!. Y mi hermano le preguntó:» Eres numismática??». Y la camarera respondió: «No, yo soy salvadoreña»

JORGE FRANCO
JORGE FRANCO
2 meses hace

Excelente artículo. Me hace recordar dos episodios de mi juventud, en Santiago. Una vez, un amigo mio, César, le dijo a un muchacho de unos 11-12 años del barrio, en forma «despectiva»:!!Tù no eres más que un transeúnte !!» Y el muchacho , sintiéndose ofendido, respondiò:»!! El transeúnte es tú mama!! (sigue)

JORGE FRANCO
JORGE FRANCO
Responder a  JORGE FRANCO
2 meses hace

En otra oportunidad, un comerciante amigo de la familia, estuvo de visita en nuestra casa y mi hermano mayor le dijo: » Le contaré una anécdota sobre Napoleón» . Y el comerciante lo interrumpió tratando de mostrarse culto y le preguntó: » Entre paréntesis,»anécdota» fué la mujer de Napoleón ??»

JORGE FRANCO
JORGE FRANCO
Responder a  JORGE FRANCO
2 meses hace

«tu», sin acento.

ASURBANIPAL
ASURBANIPAL
2 meses hace

Le felicito por su articulo y le dire que el el Profesor Juan Bosch gracias e ese conocimiento del publico a quien diriguia su discurso triunfo en las elecciones del 1962 .Nuestros politico no hablan para su publico sino para verse a si mismo ya que su ego es enorme como el cuento de la reina malvada y el espejo en el cuento de blanca nieves