POR BLAS RAFAEL FERNANDEZ GOMEZ
Las anécdotas son una breve exposición de incidentes que por lo general tienen una apariencia humorística, pero su principal propósito es contener un trasfondo positivo, lo cual puede acercarla a la parábola más que a la fábula, la metáfora o la moraleja.
Una anécdota es un relato de poca extensión sobre algún acontecimiento curioso o divertido que se emplea sobre todo en conversaciones y normalmente está basada en hechos reales que tienen lugar en ambientes ciertos.
Bajo las premisas anteriores vamos a presentar algunas que tienen gran transcendencia dado el mensaje que contienen:
Ramon del Valle-Inclán, dramaturgo, poeta y novelista español fue citado ante el juez en cierta ocasión con motivo de un alboroto que había armado. Tras declarar su nombre y oficio el magistrado le pregunto:
¿Sabe leer y escribir?
-No
El juez- Me extraña la respuesta
-Más me extraña a mí la pregunta.
La reina de Inglaterra solía caminar de incógnito, de noche, por las calles de Londres. Sorprendida una de esas noches por un fuerte aguacero pernoctó en la morada de una mujer. Como el agua arreciaba y le era necesario salir, le pidió prestado un paraguas.
La Mujer tenía dos de ellos, uno nuevo y otro viejo. Se preguntó a sí misma cuál de los dos debería darle a su desconocida visitante, decidió darle el viejo, toda vez que no tenía esperanza de recuperarlo. Al otro día se presentó en su casa un emisario de la reina que le devolvió su paraguas viejo al mismo tiempo que le hacía entrega de un valioso regalo -¿Pero quién es la persona a quien le presté mi paraguas? -, Se preguntó, -La reina Victoria de Inglaterra- fue la respuesta del emisario.
Es grande el hombre y la mujer en término de su riqueza interior, por la profundidad de sus convicciones, por la integridad de su carácter, por el alcance de sus propósitos, por su capacidad para resistir los duros embates de la vida, y sobre todo, por la humilde entrega de su existencia.
Un sargento de batallón increpaba duramente a unos cuantos soldados que no podían sacar un coche atascado en el barro. De momento se presentó allí un hombre alto y flacucho. Vio la situación y le preguntó porque no les ayudaba. -¿Por qué he de hacerlo? Soy el sargento -contestó éste con altanería.
Sin pérdida de tiempo se despojó de su chaqueta y se puso a ayudar a los soldados. Cuando se terminó la tarea se lavó las manos, se puso la vestimenta y caminó hacía el sargento. Si en otra ocasión usted necesitara mi ayuda, llámame no más -le dijo- ¿Y quién es usted? -Le preguntó el sargento- Yo soy Abraham Lincoln, el Presidente de la nación – le respondió.
jpm-am


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