Suelo escribir en temas de historia o relacionados con problemáticas que alteran la paz y seguridad del país. En este caso, es deber velar por el bienestar social, aportando ideas y buscando crear consciencia social e individual que contribuyan a mejorar y viabilizar el tránsito. Debemos preguntarnos, ¿estamos nosotros ayudando a mejorar el tránsito?
Los «tapones» o «embotellamientos» en nuestro país han ido en aumento, y nos indica que seguirá agravándose, constituyendo uno de los principales desafíos para el Gobierno, y en este caso, para toda la sociedad.
Los problemas en el flujo del tránsito afectan de manera directa el presupuesto y la calidad de vida de los ciudadanos, donde gran parte del salario se ve comprometido en gastos de combustibles y en los aumentos en los productos, principalmente los de primera necesidad.
Los profesionales de la salud poco han escrito o escriben sobre el estrés que genera el cúmulo de horas en nuestras avenidas y calles, sumando a ello la falta de civilidad vial en muchos de los choferes que lamentablemente no gozan de formación y ni siquiera de educación básica, mucho menos de educación vial, algo que agrava la convivencia social-vial.
El estrés vial debe ser considerado y tomado en cuenta como generador de violencia social y no es para menos, hoy día en promedio permanecemos dos y tres horas detenidos en tapones, o sea, una cuarta parte de lo que se dura en el régimen laboral de ocho horas.
Debemos reconocer que la gestión tradicional del tráfico no es suficiente para solucionar el problema y debemos buscar otras alternativas más prácticas, diría que «aplatanadas», y que, consigan ayudar a descongestionar el tráfico vehicular en nuestras principales ciudades.
Algunos de los puntos que tengo el atrevimiento de destacar y que pueden generar cambios en el flujo vehicular en la ciudad capital y otras ciudades, serían estos:
• Los monumentos y áreas centrales, específicamente en la principal avenida de la capital (27 de Febrero) y parte de Las Américas (Ave. Sabana Larga con Venezuela), donde no se le da utilidad —solo para que enfermos mentales lancen piedras y objetos—, y de manera inteligente poder aprovechar sus espacios, ampliándose para uso de vehículos públicos y de esa manera lograr mayor movilidad vehicular sin esas indeseables paradas que detienen el flujo vehicular.
• Los camiones para transportes, famosas «patanas», deben desplazarse en horarios distintos, favoreciendo o incentivando mejores tarifas de los peajes en horarios nocturnos; hay que desarrollar el tránsito en horas de la madrugada para ciertos rubros —cuestión que los empresarios no resistan tan tentadoras ofertas—, por ejemplo, en la madrugada, los camiones de recogida de desechos, sus servicios serían más eficientes, ya que durante el día son verdaderos estorbos viales. El personal podría trabajar menos horas, pero sería más provechoso el esfuerzo, esto debido al tiempo que se pierden realizando sus rutas durante el día.
• Instalar semáforos inteligentes o regular los que están. Es frecuente ver en «horas pico» tener prioridad las calles que menos vehículos circulan, con exceso en el tiempo, y en las avenidas donde está el grueso vehicular con largas esperas.
• Indiscutible necesidad de capacitación de los agentes de tránsito. Que tengan o surjan de verdaderas escuelas, no empíricamente, sino que se vea en la práctica su destreza de un verdadero personal instruido. Que ellos mismos, mediante el servicio y fiscalización, puedan pagar sus gastos y especialismo; si es posible, lograr incorporar asimilados o civiles con entrenamientos e incluyéndoles cámaras para observar y constancias de sus operaciones.
• El COVID nos enseñó mucho y hemos demostrado que olvidamos rápido o no aprendimos. Muchos trabajos se desempeñaron de manera eficiente a distancia y aun así se volvió a la antigua zona de confort laboral.
• Otro criterio, es la distribución en los horarios laborales, ya que podría generar buenos resultados (si se sabe realizar): ¿por qué todos ingresar al trabajo a la misma hora y salir al mismo tiempo? Efectuando una distribución inteligente de las jornadas laborales podría beneficiar al país.
• Hay que legislar para favorecer la educación vial en las escuelas. Hoy pocos cumplen las leyes de tránsito y son frecuentes los cambios de carriles, no ceder paso, detenerse en el medio de los cruces de calle, etc., así como, ver los peatones cruzar en rojo es muy común y sin consecuencias.
• Se debe crear rutas de autobuses escolares para llevar los niños a los colegios. Dentro de los problemas en el tránsito es el de buscar y llevar los niños a los colegios. Los tapones a medio día, muchos se deben a la entrada o salida de los niños al centro de estudio. Este transporte monitoreado por GPS y con respaldo de la policía escolar, podría ser efectivo.
• El uso de celulares inteligentes no deja de contribuir de manera positiva y, de igual forma, de manera negativa, ya que las distracciones son mayores, se enlentece el tránsito. He podido ver y comparar las estadísticas de accidentes de tránsito antes de la revolución de las redes sociales y celulares inteligentes, con estadísticas actuales, y se han incrementado los accidentes – aunque luego no se confiesa sea por el dispositivo—. Debe ocurrir mayor control y multas a los choferes que sean encontrados utilizando el dispositivo mientras conducen.
• Otros aspectos que inciden en los tapones, es la falta de fiscalizadores —que no necesariamente deben ser policías—, para imponer multas a los que infringen las leyes de tránsito. También es común ver vehículos paralelos o estacionados en esquinas; así como vehículos chatarras en las calles, probablemente de ser llevados a «Metaldom».
Eliminar las ciclovías, ya que han incrementado los accidentes a nuestros ciclistas y vehículos. Nuestra sociedad no tiene esa cultura. Nuestro clima caluroso no ayuda a eso, así como otros factores. Eso ha empeorado nuestro tránsito.
Es bueno que los propios ciudadanos puedan denunciar infracciones de tránsito que perjudican su propiedad privada u otros bienes. De igual forma, debe existir agravantes a los infractores, como por ejemplo, que le pueda perjudicar en su “Papel de buena conducta” o algún método que haga que todos cumplamos con el deber ciudadano.
En este mismo orden de ideas, se necesita fuertes supervisiones hacia los conductores que transitan en la República Dominicana, ya que no todo el mundo debe estar autorizado a transitar. Frecuentemente, se observan extranjeros en Uber (muy probablemente con licencia extranjera y no para turismo) y con dudoso estatus de legalidad en el país. Miles de extranjeros se desplazan en nuestro país como pedro por su casa, y son bastantes, sumen miles en las principales ciudades…
jpm-am