En el 2010, el consultor internacional Jacques Attali dio a conocer el Informe de la Comisión Internacional para el desarrollo estratégico de la República Dominicana (2010-2020). Además de Attali que figura como autor general, se incluye a una comisión consultiva que reunió a cinco dominicanos y a cinco expertos extranjeros. Rafael (Pepe) Abreu, Rosa Rita Álvarez, Cyrille Arnould, Carlos Asilis, José Luis Corripio, Mathilde Lemoine, Jeffrey Owens, Mario Pezzini, Eduardo Jorge Prats, Marc Stubbe y Ian Whitman Consta el informe de marras de dos grandes porciones. Primero, un diagnóstico y, segundo, un manojo de recomendaciones extraídas del Proyecto de Estrategia Nacional de Desarrollo.
- En el diagnóstico se presentan como en la lectura del santo rosario las debilidades de la economía dominicana. A saber:
- un desempleo endémico, que introduce 100 mil jóvenes anualmente al mercado de trabajo. La tasa de desempleo en el país se mantiene desde hace décadas en 14%. El 56% del empleo corresponde al sector informal, el 65% de los cuales carece de seguridad social. Sólo un 30% de los trabajadores se beneficia de un empleo asalariado e independiente.
2) una sociedad poco educada y poco preparada para el porvenir. En todas las evaluaciones internacionales nuestro país se mantiene a la zaga del resto del continente. La escuela no enseña a leer ni a escribir ni a contar ni a pensar, tampoco forma al ciudadano que ame a su patria y conozca su historia. Para los autores del informe, el único modo de rectificar esa circunstancia es gastando más dinero. De este modo, se llegó a la conclusión que, cuando el Presupuesto alcanzara el 4% del PIB, podríamos enmendar los fracasos del sistema, sin penetrar en el meollo de los problemas que traban la calidad de la enseñanza. A saber, la formación de los maestros, la organización de las escuelas y de las comunidades y la reformulación de las metas.
3) Una industria nacional que no responde a la demanda interna. La mayor parte de los enclaves turísticos se hallan desconectados de la economía; importan más del 40% de sus insumos. Durante mucho tiempo, la plataforma de la economía se apoyó en las zonas francas, en el turismo y en las exportaciones agrícolas. Todos esos cálculos han comenzado a desvanecerse. En el 2005, concluyeron los acuerdos multifibras que permitían el acceso al mercado de textiles estadounidenses a otras regiones del mundo. De este modo, China desplegó su gran artillería. De un plumazo, las exportaciones textiles dominicanas se redujeron en un 24%; el déficit de la balanza comercial de bienes y servicios cayó en un 13%. La industria dominicana no se halla preparada para la apertura del DR-CAFTA que, a partir del 2015, comienza a anular las barreras aduaneras, sin que las simulaciones y proyecciones imaginadas por los expertos hayan desvanecido los pronósticos catastróficos
4) La electricidad se ha transformado en un freno a la competitividad y a la iniciativa privada. La calidad y la fiabilidad del servicio eléctrico son desastrosas; las tarifas eléctricas son dos veces superiores a la observada en los Estados de la región (25 centavos de dólar kw/h contra 10 de dólar kw/h en América Latina). . El sistema se compone de siete empresas generadoras privadas, que incluye, además, la generación de las hidroeléctricas, que sigue siendo una porción esencialísima del sistema estatal. A esta plataforma se añaden las tres empresas distribuidoras, y la burocracia de un organismo rector, representado por la CEDEE. Las perdidas por fraudes y en las líneas oscilan entre 20 ó 25%; las propiamente técnicas, alcanzan un 12%. Para compensar el desastre el Gobierno subsidia el sistema con el 2% del PIB que asciende a unos 700 millones de dólares por año. Y, sin embargo, las tarifas son demasiado altas, aun cuando bajen los costos de los combustibles. El sistema debe incorporar al pago a unos 800 mil usuarios. El informe queda naufragado en soluciones de muy poca monta.
5) Un sistema de salud ineficaz e insuficiente. Aún cuando el país cuenta con una importantísima red de hospitales, los centros se hallan mal equipados; el personal sanitario se halla desmotivado; los gastos individuales de la población en estos servicios superan a otros países de la región, y en medio de esa borrasca, se revela que el agua de las cisternas de los hospitales está contaminada; la mortalidad infantil supera a los países que, en el continente tienen un desarrollo semejante al dominicano y la tuberculosis duplica en prevalencia el resto de la región del Caribe.
6) una presión fiscal muy baja y un presupuesto sin margen de maniobra. La presión tributaria se sitúa entre un 13 y 15% del PIB. El 60% corresponde a impuestos indirectos. El 55% de la población trabaja en el sector informal, y no contribuye al fisco. El presupuesto se ha transformado en una camisa de fuerza. Cerca del 50% del presupuesto se halla capturado por leyes y por las subvenciones al sector eléctrico. En el 2009, el 25% de los ingresos del Gobierno se hallaban destinados a pagar el servicio de la deuda del Estado. Hacia el 2010, la deuda exterior se elevó a 27,9% del PIB. Todos estos cálculos van por muy mal camino. En el 2016, el 40 % del presupuesto queda devorado en el pago del servicio de la deuda exterior, cuyo monto supera ya el 41% del producto Bruto Interno (PIB) que ronda un poco más d 47 billones de dólares. Toda esta circunstancia ha lanzado al Gobierno a una carrera desenfrenada de préstamos, que, durante la presente administración del Presidente Danilo Medina alcanzara los 12 mil millones de dólares, sin contar los montos de la deuda interna.
6) La inseguridad y el tráfico de droga han crecido brutalmente. Entre el 2001 y 2005, la tasa de homicidios se ha duplicado—de 13 por 100.000 al 26 por 100.000. La inseguridad se halla conectada con el crecimiento sin precedentes del tráfico de drogas. De los puertos dominicanos, en los últimos años, han salido los mayores alijos de droga.
En el informe se insiste en la enorme cantidad de instituciones que duplican funciones en el Ministerio de Obras Públicas y transporte, en la promoción de las exportaciones, en las delegaciones diplomáticas en el exterior, en el Ministerio de Agricultura. Una administración rocambolesca, que vuelve lentas e ineficaces todas las operaciones del Estado.
Desde la publicación del Informe Attali en el 2011, hemos entrado en barrena. En el 2010, el Estado dominicano empleaba a 450.000 empleados, equivalente al 12% de la población en edad de trabajar. En la actualidad la nómina del Estado alcanza a unos 750 mil servidores públicos, más del 24% de la población en edad de trabajar. Son las obligaciones de un país que ha desnacionalizado los yacimientos de empleos. En los últimos años, la financiación del presupuesto depende de la emisión de bonos soberanos. La impunidad campa por sus respetos. No hemos alcanzado progresos apreciables en el campo de la justicia. Según la Comisión Económica de América Latina (CEPAL), de un total de 200 casos imputados, sólo hubo una condena. Esas circunstancias han crecido brutalmente, a pesar de los piquetes y de las protestas delante de las oficinas públicas.
Los hallazgos del informe y sus recomendaciones resultaban bastante modestos, si se los compara con los desafíos. Hay, sin embargo, unas lagunas que los expertos nacionales e internacionales prefirieron omitir. Es como el médico que le descubre al paciente un tumor cancerígeno y prefiere mirar para otro lado.
El informe omite el peso demográfico que ejerce en nuestro país la ocupación haitiana.
- Los autores reconocen que “hay cerca de un millón de haitianos en República Dominicana. Estos inmigrantes, indocumentados en su inmensa mayoría trabajan principalmente en la agricultura, la construcción y la hotelería” (Attali: pág. 41).
- Attali pasa de puntillas, sin ahondar en las consecuencias que tienen esos datos insuficientes para explicar la pobreza en el país. E introduce la acusación velada al Gobierno dominicano de apatridia, con lo cual el informe se convierte en instrumento de propaganda contra la soberanía dominicana. Con semejante población no será posible mecanizar la agricultura ni producir un aumento considerable de los salarios. Calcula el autor del informe, que de no producirse una recuperación con apoyo internacional de Haití, tras el devastador terremoto del 2010, el colapso de ese país tendría fatales consecuencias para el porvenir de la República Dominicana. Dicho esto, el informe naufraga en vaguedades y en respuestas evasivas.
Ha dejado en penumbras la principal amenaza al desarrollo de la Republica Dominicana.
A ninguno de los expertos le importa la suplantación demográfica del pueblo dominicano en la agricultura, en las grandes obras de infraestructuras del Gobierno y en el turismo por parte de las marejadas de haitianos que han penetrado en el país. Todos saben, sin embargo, que al privar al dominicano de esos yacimientos de empleos los están llevando a un callejón sin salida, cuya válvula de escape será la delincuencia, la desesperanza, el narcotráfico. Tiene Jacques Attali una fama muy bien ganada de promover un Gobierno mundial. Una nación no puede salvarse siguiendo el modelo de los partidarios de la eutanasia. La mudanza del pueblo haitiano a nuestro territorio nos plantea varios desafíos: ¿cómo promover el empleo de calidad y mecanizar la agricultura? ¿Cómo enfrentar la importación de enfermedades que amenazan a nuestra población y al turismo? ¿Cómo contrarrestar las maniobras de los grupos que junto al propio Gobierno han hecho todo lo posible para debilitar al Estado dominicano y adjudicarnos la responsabilidad sanitaria, social y política con la población haitiana?
La misma ceguera se observa en el “Proyecto de estrategia nacional de desarrollo” ( ME yPD, 2010). De ahí que el compendio de soluciones sean, en verdad, irrisorias; quedan reducida a un corpus de siete iniciativas, tan poco amenas y originales como éstas:
Iniciativa n° 1. Devolver la confianza en las instituciones. Iniciativa n° 2. Desarrollar servicios públicos de calidad. Iniciativa n° 3. Formar a las futuras generaciones. Iniciativa 4. Preparar el país para la competencia internacional. Iniciativa n° 5. Organizar el financiamiento de la Estrategia Nacional de Desarrollo. Iniciativa n° 6. Proteger el medio ambiente y ordenar el territorio. Iniciativa n° 7. Integrar al país en la región y en la competencia internacional.
Para llevar a cabo estas iniciativas, se han lanzado al ruedo 77 propuestas, extraídas del vademécum contenido en el Proyecto de Estrategia. Se trata del reciclaje de las recomendaciones de los organismos internacionales; y de los enfoques histéricos de los que combaten el modelo de nación, dotada de soberanía e independencia. Attali, que anda de profeta famoso, reiterando en cada informe las mismas recetas y el mismo batiburrillo de ideas liberales, sin tomar en cuenta sus estruendosos fracasos. El informe que ha dado a la estampa sobre la República Dominicana ni siquiera figura en su bibliografía, a pesar de que costó la friolera de un millón de dólares.
El informe se lee, con entusiasmo y curiosidad, como suelen leerse las novelas de aventuras. Según esto, durante los últimos cuarenta años– desde 1970 al 2008– el país creció de manera sostenida a un ritmo de un 5,5% anual lo que se considera excepcional, en comparación con las economías del hemisferio que, en igual período crecieron apenas a un ritmo de 3,5%. De pronto, descubrimos que todo el armazón de esa prosperidad descansaba sobre unos cimientos de barro: un endeudamiento improductivo capaz de desmantelar todos los progresos y unas soluciones ficticias, fundadas en premisas falsas.