La política dominicana necesita un pacto de damas y caballeros. Los dirigentes tienen que tomar apuntes sobre la convivencia civilizada. La simple militancia es amorfa, no tiene cabeza propia, y lo que digan sus líderes, es el camino a seguir.
La lengua desenfrenada es peligrosa. Solo lleva a la violencia y al odio. Apenas si está comenzando el torneo pre-electoral, y ya las ofensas están a la orden del día. No es que se ponga cremalleras para las denuncias veraces, es la moderación en el lenguaje y el levantamiento del debate.
Lo que se necesita en un torneo electoral es que cada uno de los aspirantes presente su programa de gobierno, y las indicaciones de hacia dónde va su camino de gobernar. Sabemos que ese programa de gobierno es letra muerta, pero es el primer paso indicativo de que algo puede hacerse en el desarrollo nacional.
La política tiene que ser agresiva, pero sin caer en vejaciones o atropellos. Desde el gobierno no puede darse una línea agresiva, y desde la oposición hay que respetar las reglas del juego. La mayoría silente es conservadora y teme a la algarabía.
La mayor cantidad de votantes se inscriben dentro de los que observan el panorama siempre con temores sociales y quizás sin querer dar pasos a lo desconocido. Es una tarea difícil, y casi imposible, que tiene que ser enfrentada de acuerdo con realidades.
La turbamulta no piensa, actúa por instinto, lo mismo apoya que devora. Hoy su principal ídolo es el peso, mañana la fundita, y en el futuro cualquier dirigente de barro. Ella no es la que tiene que ser educada y reorientada, sino sus conductores.
Se dirá que por siempre la política ha sido un escenario de violencia, o desavenencias, es cierto, pero por ello no hemos podido caminar un gran trecho. Nos hemos tenido que aferrar a no dar un paso adelante, y no pensar en retroceder, sino en quedarnos petrificados en un eterno presente.
Hay puntos fundamentales de la agenda nacional que no pueden ser solucionados por un partido político determinado, sino que debe haber el consenso entre todos los actores nacionales para hacerle frente. Lo importante es que se deben pasos certeros al desarrollo, sin treguas y sin pausas, y que la turbamulta baje las banderolas de la discordia, y los dirigentes se esfuercen por el bien social.
En el mar embravecido de la temporada pre-electoral es de esperar que se enhebren las pautas de la civilidad y el respeto mutuo. No se olvide que el respeto al derecho ajeno, es la paz. ¡Ay!, se me acabó la tinta.
of-am

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