Otra vez: Leonel Fernández

Leonel Fernández además de “mina de oro” -como lo catalogó el Prof. Juan Bosch-, ha devenido en el diván psiquiátrico de sus adversarios políticos (abiertos y agazapados). Y en ese manicomio-consultorio -¿imaginario o real?- de políticos, intelectuales y mediáticos, sobresalen dos que con ínfulas deAmérico Lugo (1870-1952: ¡una lumbrera ética-intelectual sin mácula!) quieren convencer al país de que vivimos en una dictadura de un partido único (un disparate que se cae solito y que no resiste el más elemental análisis sociopolítico, pues: ¡el PLD, en el 2012, perdió en 28 provincias!). ¿O no? Y como un ejercicio-disgregación, nos preguntamos (sólo por ‘joder’): ¿En cuántas provincias –del 1930 al 1961- perdió Trujillo y su partido Dominicano? Ese binomi uno, intelectual y poeta; y el otro, periodista, y por demás (ambos) de la periferia mediática del PRD (ahora Partido Revolucionario Moderno, Convergencia o H16), han tejido toda una novela –a partir de 6 derrotas electorales y de una matriz histórica: el génesis de la fragmentación política-orgánica del PRD- cuya trama y arquitectura se empina en un seudo discurso político-ético –con la excepción: Bosch-1962, y la inflexión 1978- que no encuentra sustento político-institucional alguno que Jorge Blanco eHipólito Mejía no desguañingaran-proyectaran hasta convertir aquello –la otrora “Esperanza nacional…”- en potrero-instinto. Si que los saben ellos dos: el embajador (Perú) y el director (Biblioteca Nacional). Pero tampoco son pendejos (los dos). Uno se cobija en un oficio que le reclama atención-dedicación (cuantas obras maestras no se habrán perdido por una fijación-obstinación generacional); pero se aferra a un magisterio ético-político -¿será verdad?- que en la practica política –por mas cuento chino- es defensa de su partido y candidato que, de paso, ni siquiera confiesa (porque, creo, le da vergüenza su partido-instinto); el otro, mas vivo y diligente, se disfraza y se cobija en un monopolio fáctico. Desde allí, dispara y dispara… Y la pregunta obligada es: ¿a cuantos señores le servirá? Pero el trasfondo sociohistórico de todo esto es, en verdad, una recurrencia cíclica-histórica: antes fue el código Trujillo-Balaguer (que si operó como tal en la historia dominicana) y su antitesis Bosch-Peña-Gómez (y desde el compromiso revolucionario-ideológico inclaudicable: Amin y Orlando, entreotros…). Y ese ciclo de gravitación histórica-política fue de 1930 a 1996 (luego vino -una tras otra- su desaparición física casi ordenada) al ritmo de dictadura (1930-61), de efímero y malogrado ensayo democrático (1963), de bonapartismo-cesarismo (1966-78); de la inflexión histórica (1978), y como retroceso y rehabilitación política-electoral de Balaguer, Jorge Blanco (1982-86): matanza-poblada de abril-84 y corrupción rampante. Y en esa secuencia histórica, 1996 se proyecta como un antes y un después: fue relevo y embrión del nuevo código –digo, en la psiquis retorcida de intelectuales-políticos frustrados y fracasados- que esta vez no tiene anverso (otro liderazgo de oposición): Leonel Fernández. El Hipólito (2000-2004), simplemente, fue un extravío emocional, una catástrofe y, en pura lógica política-histórica, sepulturero del PRD. Sin embargo, ese nuevo código-Leonel –de obra y magia de sus adversarios- que no tiene anverso político-electoral (y no por culpa suya), sino fragmentación política, fijación y la obstinación perversa de una generación política-intelectual que históricamente Balaguer malogró; pero que, curiosamente, se ceba en Leonel Fernández porque fue -de su generación- el que se le fue para la Historia. Y en esa ceguera-masturbación, Leonel Fernández, no tenía -ni tiene para ellos- méritos ni registro-trayectoria de lucha social-política (la clásica anti-trujillista-balaguerista), ni mucho menos la precedencia-presencia en el liderazgo nacional para haberse elevado al liderazgo-relevo de los grandes líderes nacionales: Bosch-Balaguer-Pena-Gómez. Porque obviaron que los liderazgos no se “decretan” ni se imponen y que ellos surgen en procesos y coyunturas específicas que demandan y exigen su irrupción en un tiempo-espacio determinado. Fidel Castro –en su momento- lo dijo mejor al elogiar a Leonel Fernández: “Nadie le regaló el cargo”…, “Llegó a él a través de una especie de selección natural en virtud de la cual ascendió políticamente”. Y entonces, ¿quién obligó a Fidel Castro a decir esto? Pero la pregunta oportuna es: ¿qué fue lo que Leonel Fernández y el PLDheredaron como país en el 1996; y luego en el 2004? Seguramente –para sus adversarios políticos- heredaron la Francia deFrancois Miterrand, la Inglaterra de Tony Blair, o quizás, la democracia norteamericana de Bill Clinton, o talvez, la España de José Luis RodríguezZapatero. ¡Qué cojone! Y con esto, no estoy –¡Dios me libre!- apelando ni abogando por una suerte de patente de corso para ladrones y corruptos (que los habrá y que deben ser encausados sin prescripción política-judicial alguna), pero me niego a creer que un seudo discurso ‘ético-político’ de hojalata y sustentado por actores políticos –desde un ejercicio retorcido-parcializado de “hacedores de opinión pública”- quieran hacer oposición política-electoral disfrazados de redentores sociales ante el desmadre-descalabro de su organización política llámese: PRD, PRM, Convergencia, H16, o como se inventen mañana. Mas sencillo y serio sería que el intelectual-poeta y el periodista, por poner un ejemplo, de cara al 2016, y si resultase Leonel Fernández el candidato, lo enfrenten en las urnas; y así el país despejaría, por lo menos, el misterio-imagen de un ícono de nuestro folclor político-electoral: !chochueca!

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