Las últimas actividades del precandidato republicano Donald Trump han estado precedidas de protestas, marchas y piquetes en contra de su postulación. En las grandes ciudades norteamericanas se vienen registrando diferentes actos en repudio a la postulación del empresario enganchado a político.
En New York el rechazo fue tan evidente que los manifestantes llegaron hasta la emblemática Quinta avenida, arteria comercial en donde está ubicada la Torre Trump para llamar la atención de la contradictoria candidatura del magnate newyorkino.
En Arizona se cerraron carreteras para evitar el paso de la caravana que asistiría a un mitin que encabezaría el aspirante a ponerse “la ñoña” norteamericana en enero del próximo año. Las protestas en Chicago están a la orden del día, sucediéndose una tras otra. Hasta grupos de la poderosa comunidad judía americana se han sumado a las protestas en contra de Trump.
Lo cierto es que las aspiraciones de Trump han generado un gran rechazo que se inicia en el propio partido del elefante (como popularmente se le conoce al GOP), hasta tocar a la mayoría de grupos representantes de minorías que objetan el discurso trumpista por considerarlo cargado de racismo, xenofobia, exclusión, tergiversación, etc.
En artículos anteriores me he referido a los absurdos planteamientos de Trump quien denuncia el empobrecimiento de las clases medias estadounidenses, habla de la construcción de un muro pagado por México, de desconocer los tratados de libre comercio rubricados por la unión americana, y propugna por la deportación de 11 millones de inmigrantes.
Como dije en artículos anteriores el candidato Donald Trump es fruto de una gran crisis que se viene fecundando a nivel mundial, y que ya tuvo sus Donald Trump en Europa. Esta delicada situación que mostró su clímax en el año 2008, en donde el capitalismo tuvo al tris de irse al basurero trajo un gran cuestionamiento de la clase política casi a nivel mundial.
Los grandes caciques del Partido Republicano tienen sobradas razones para oponerse a una posible postulación de Trump. Y es que la simple nominación del millonario del sector de bienes raíces y casino traería un fuerte cuestionamiento a los símbolos que por décadas ha enarbolado esa agrupación partidaria del bipartidismo estadounidense. Comencemos con los cuestionamientos de Trump a las políticas norteamericanas que ponen en tela de juicio la contratación de mano de obra extranjera.
A pesar de que la llamada y fatídica escuela de los Chicago´s Boys es un dinosaurio dejado en los anales del siglo XX con funestos resultados de pobreza a escala mundial, fue precisamente esa receta la que tomó el presidente Ronald Reagan y la impuso en el mundo a sangre y fuego y sobre miles de cadáveres como vía para desarrollar al capitalismo.
¿No reprende Trump en contra de los gobiernos reaganianos al momento de criticar a pobres inmigrantes que acuden a las grandes metrópolis y son contratados por las grandes empresas, convirtiéndose en una competencia desleal de la clase obrera de esos países que ya había logrado reivindicaciones en prestaciones laborales y ascenso social, y que la masa de inmigrantes tira por la borda trabajando por mucho menos del salario estipulado?
El empresario con su discurso desmistifica un ícono izado por el Partido Republicano, como lo es el finado presidente Ronald Reagan.
Aunque Trump arremetió en contra de Jeb Bush en los debates de la campaña electoral, acusando a su hermano George W Bush de una intervención infundada en Irak en la que él considera que Estados Unidos más que ganar con la contienda bélica, salió perdedora, embiste igualmente por partida doble a la emblemática familia republicana al instante en que arremete en contra del Nafta, acuerdo de Estados Unidos, Canadá y México, y firmado por George Bush padre cuando éste fungió como presidente.
Ante la realidad objetiva en que se encuentra su campaña, se le hace muy difícil a Donald Trump alzarse con el triunfo en las elecciones de noviembre frente a Hillary Clinton. Es una verdad incuestionable que el magnate tiene un muy poderoso frente en su contra que le impedirá su triunfo.
Faltan muchas primarias por celebrarse de aquí al mes de julio, en donde el acaudalado millonario está en la obligación de sumar triunfos para lograr muchos delegados y delegadas. Sin embargo, en la carrera hacia la convención republicana del mes de julio, Trump tiene muchos obstáculos de por medio que no son tan sencillos de vencer.
No bastan los votos de los trabajadores blancos empobrecidos con las políticas sistémicas norteamericanas para ganar las elecciones. No bastan los sufragios de las pauperizadas clases medias estadounidenses para imponerse en los Colegios Electorales en las 58 elecciones presidenciales del marte 8 de noviembre. Trump tiene de por medio un camino lleno de grandes piedras.
jpm


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