POR ANTONIO SALOMÓN
En política, las buenas intensiones rara vez son suficientes.
Cuando el poder se busca solo por el poder, sin propósitos ni visión de Estado, quienes llegan al gobierno – sobretodo aquellos que surgen del «hambre de cambio» promovido por intereses fáctico – terminan rápidamente mostrando su verdadero rostro.
A poco andar aflora la soberbia comunicacional, las promesas incumplidas, el doble discurso, la improvisación en las políticas públicas, el nepotismo y el amiguismo.
Es entonces cuando la ilusión del cambio se desvanece y la frustración ciudadana vuelve a ocupar el centro del escenario.
Sin embargo, no basta con señalar a los políticos. También es necesario mirar hacia la sociedad misma. Los verdaderos responsables del deterioro institucional son, en gran medida, los ciudadanos que con su indiferencia o con su silencio cómplice permiten que la historia se repita.
La democracia se fortalece con vigilancia. Callar frete a los abusos o resignarse ante la mediocridad es también una forma de traicionar al país.

Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Elogian la elección de nuevos jueces Suprema Corte Justicia
Paliza afirma que Leonel está perturbado por obras del PRM
Danilo critica reforma policial por «intercambio de disparos»
CNM elige por unanimidad a Montero presidente de la SCJ
PLD denuncia deterioro del tránsito y transporte en país
Abinader viajó a España para XXX Cumbre Iberoamericana
Lluvias obligan a suspender el partido de Águilas y Estrellas
OD propone que el marbete sea según valor de vehículo
Productores con obstáculos acceder a título agrícola en RD
Grupo Puntacana celebra 57 años de trayectoria turística

