OPINION:  El lío morado

El fin justifica los medios, es su axioma. Le levantó la mano a Balaguer en 1995 por apoyarlo. Imitándolo quiere ser muchas veces presidente y dejar robar a todos, denunciando el robo, solo si le ofrecen a él con testigos presentes.
Eso jamás. “Soy honesto y nunca llevaré al paredón a mis amigos que me financian”. Mire esto:

Leonel nunca controla a su gente, los apoya y tapa.
Todo el juego del lambonismo Leonelista, con la creación de sus grupos de apoyo, es para que este vuelva y vuelva. Y eso se fundamenta en el criterio usado por los populistas histriónicos dominicanos, basándose en prometerles los mismos cargos y funciones a sus amigos, seguidores y allantando a los nuevos miembros para lograr el porcentaje razonable de apoyo entre esos peledeístas cautivos y entre los oportunistas comerciantes de la política que en R.D. viven a costa del resto y que están arriba en todos los gobiernos, cambiando de gorra, según le ofrezcan posiciones y contratas.
Todos saben quiénes reciben más durante el año en sueldos y contratas de lo que pagan al fisco y eso no variará, si gana el León, sin cola de no reelección, como tienen otros.
Por eso se vende como el ganador, pues Danilo Medina no define su reelección y no se le vislumbra un sucesor. Ahora, para unir partido quieren combinar al rey Leonel con la esposa de Danilo como su vice en el 2020 y eso es un desacato a las bases y al pueblo dominicano.
Danilo/Margarita antes y ahora Leonel con Candy es querer que todo quede en familia y que nadie tenga derecho a reprochar, ni aspirar.
Eso está por verse.
La razón del lío morado es fácil de entender: si Leonel volviera al poder, tendría que cobrarse las travesuras que le hicieron desde el Palacio Nacional con Quirino y algunas más; tendría que castigar de algún modo a Danilo, sancionando (hasta con cárcel) la corrupción en su gobierno (aunque tenga que entonar un mea culpa), y tendría que irradiar totalmente el danilismo de cualquier espacio del gobierno y dominar de nuevo el Comité Político. Sólo así podría rescatar su menguado liderazgo y ganar cierto apoyo social.
Creo, que aquellos analistas políticos y periodistas que en el apogeo del leonelismo hablaban del nuevo paradigma económico de progreso desde el 2004, parece que empezaron a darse cuenta de que no hubo tal nuevo paradigma económico porque estábamos frente a una burda política populista que tuvo la suerte de la santa remesa, alto turismo y minería y que tampoco era un problema de estilo la forma de hablar del profesor Leonel, sino una forma de gobernar autocrática.
Buscar a sus enemigos permanentemente para denostar al que piensa diferente no era un problema del “estilo León” como decían algunos periodistas, era un problema de estrategia política que llevaba a la persecución, incluso se llegó al punto de perseguir a aquellos que hablaban del estilo y de llevar la silla presidencial de oro a sus eventos.
Mi impresión es que la tarea de consenso y necesaria armonía de criterios encontrados, por resolver en R.D, es tan grande que el próximo gobierno que surja, podrá sentirse satisfecho si logra dos objetivos básicos.
Por un lado, empezar a poner la economía en movimiento y, por otro lado, en forma simultánea, impulsar con toda firmeza un Núremberg de la corrupción y el abuso de poder de los funcionarios públicos.
¿Por qué es fundamental este último punto? Porque hace a la calidad institucional del país.
Tiene que quedar sentado que ya no se puede pasar por la función pública, hacer cualquier estropicio, abusar del poder y llenarse los bolsillos con corrupción sin que pase nada.
Adiós al borró y cuenta nueva, debe ser el lema.
República Dominicana se dividía en el 2003 entre peledeístas y corruptos.
Hoy es el PLD que está dividido entre quienes apoyan la lucha contra la corrupción y los que defienden a los corruptos y abogan por la impunidad perenne.
Si no se sanciona severamente todo esto el país no puede tener futuro porque la señal será que las reglas que imperan en la R.D. son las de la impunidad, con lo cual las inversiones que pueden llegar a venir son las ligadas a la corrupción que se respalden en la impunidad. Y la impunidad implica falta de reglas de juego claras y transparentes.
Para reconstruir la R.D. hace falta terminar con la impunidad.
Y, en segundo lugar, poner la economía en funcionamiento, implica eliminar todas las regulaciones que hoy asfixian la capacidad de innovación y de producción, poner orden fiscal para poder tener disciplina monetaria y así bajar la inflación y cobro de impuestos regresivos como itebis.
Solamente logrando estos dos objetivos se habrá avanzado mucho, porque al terminar con la impunidad ya no vendrá otro político a hacer cualquier disparate para llevar adelante su aventura populista.
Que destrozar un país tenga un costo para el que lo haga, es un paso institucional fundamental.
Si a esto le agregamos un cierto orden económico, podemos empezar a pensar en reformas económicas más profundas, como pueden ser la reforma del sistema tributario, la legislación laboral y tantos otros temas aún pendientes.
Pero insisto, todo este relato oficial y mentira descarada para tapar no solo el destrozo económico sino también la corrupción no puede pasar a la historia como un problema de “estilo León”.
La reconstrucción de la R.D. pasa, inevitablemente por sancionar estos comportamientos.
Esto es lo que estoy esperando escuchar de la oposición y en un futuro cercano verlo hecho realidad.
JPM

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