OPINION: Bachata y merengue

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EL AUTOR es periodista. Reside en Nueva York.

  Aunque hay un apotegma que dice que ‘el estilo es el hombre’; es una frase circunstancial. Conformamos el estilo de otro u otros, en cuanto a literatura o cualquier género artístico. Aún con previa depuración, nadie está exento de influencias. 

 Decimos esto, a propósito de que la UNESCO ha declarado a la bachata como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Pero con ello queremos exhortar al Ministerio de Cultura, nuestros gestores culturales, y consagrados músicos, a rendir tributo público a los cantores que sentaron la zapata musical para que diéramos paso a ese contagioso, sensual y cadencioso ritmo. 

 Correspondiéndose con lo antes expuesto, deberíamos rendir homenaje y,  entre otras, difundir las canciones de: José Antonio Salamán, Julita Ross, Felipe Rodríguez (La voz) y Julio Jaramillo. Entonaban canciones a modo de bachata. Y, aunque al igual que en nuestro país también interpretaron melodías de amargue, éstas no necesariamente tenían características de bachata. Pero la bachata per se, si puede ser amargada, o no. 

 Como sonero, aunque haya cierta afinidad con ese ritmo; no somos bachateros. Pero tampoco somos chovinistas ni narcisistas y mucho menos mezquinos, como para no reconocer los méritos de los cantantes antes citados. 

 Aunque en un tiempo que consideramos perdidos, incursionamos en el bolero, y no somos musicólogos, también queremos hablar sobre otro de nuestros aires musicales considerado autóctono. Podríamos decir que, sobre el merengue, hemos sido obtusos al desoír lo que han aseverado algunos entendidos sobre esa marca país. 

 Se refieren al cinquillo. “Consiste en un ‘tumbao’ muy africano que, en su  simetría legada por los haitianos, combina corchea-semicorchea-corchea-semicorchea-corchea, en compás de 2×4.”  “Esta fórmula melódica-rítmica es también la base fundamental del merengue dominicano, y aparece frecuentemente en otros aires latinoamericanos”. 

 En resumidas cuentas, lo que queremos significar es que nuestro folclor y ritmo musicales, son propios de aportes de toda la región caribeña, de España, y hasta de confines africanos. 

 Sería un absurdo obviar nuestro sincretismo cultural. Esto, al margen de odios y resabios que tienen que ver con teorías soberanistas y puramente políticas, porque no es extraño que tengamos alguna influencia musical del vecino Haití. Sobre todo cuando en una misma isla, hay dos países separados por una frágil frontera que consideramos imaginaria.

JPM/of-am
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Manuel Hernandez

Los primeros bachateros como se señala arriba no eran dominicanos, solo que no se le llamaba bachata, era ” musica de amargue” o le decian de guardias, era cosa del bajo mundo, las personas con alguna cultura la rechasa, pero en la medida que el pais se fue cualquierizando hoy es patrimonio cultural. Que alto hemos rodados.