La derecha se congeló durante un período de la historia reciente de América, pero ahora retorna con bríos y ganas de gobernar. El socialismo del siglo 21 se esfumó. Fue una chispa de esperanzas, pero no pudo hacer frente a sectores faticos que nunca fueron erradicados.
Ese socialismo fue víctima de sus dualidades. Enfrentó al gran capital, pero sin nacinalizarlo. Enfrentó a los militares con sus prácticas tradicionales, pero sin poder hacer cambios radicales. El resultado es que la derecha retorna, y el socialismo siglo del 21 se comienza a evaporar.
La caída de Evo Morales indica las fragilidades del proceso. También el fenómeno de que los guardias siguen siendo el poder mandante en América Latina. Ninguno de estos golpes blandos se hubiera producido, si el estamento militar no hubiera cambiado de rumbo.
Evo Morales tiene bajo su tutela al principal partido político de Bolivia, y con estos militares hoy golpistas logró adentrarse en el socialismo del siglo 21 y gobernar en tres períodos. Al final, se vio imposibilitado de tirar las masas a las calles, y fue desbordado por la derecha que pedía nuevas elecciones y después su renuncia.
Es a todas luces un golpe de Estado. No es al estilo de los viejos operativos militares, con los tanques en las calles y fusilando a los contrarios. Ahora se disfrazan de golpes institucionales. Masas derechistas en las calles, y el gendarme que aconseja que se deje el poder.
Siendo Evo un populismo y un dirigente que levantó su fuerza social en base a la movilización de masas, es incompresible que se dejará tumbar sin apelar a la movilización popular. Por el contrario, lució de manos atadas, imposibilitado de hacer un llamado a que el pueblo boliviano defendiera su gobierno.
El German de su derrocamiento vino cuando permitió que la derecha se movilizara libremente, sin el apelar a los que le eran fieles. Se proclamó ganador en la primera ronda electoral, pero fue de mal gusto que ante la presión de la calle, de los militares y de la Organización de Estados Americanos proclamara que iba a permitir nuevas elecciones.
Como es lógico, esa promesa demostraba debilidad extrema, por lo que los grupos derechistas la iban a rechazar e irían por más, o sea pedir su renuncia. ¿Un golpe de Estado donde el presidente renuncia?. Tenía que dejar que lo derrocaran por la fuerza y que la coyuntura siguiera su curso.
Esta ola de golpes de Estado de nuevo cuño va a seguir en América Latina, es la respuesta de una derecha que cobra vida y exige retornar al poder que le quitó el socialismo del siglo 21. Los enfrentamiento seguirán y habrá una hemorragia continua de sangre. El grito que los grupos tradicionales están imponiendo a la fuerza es hora de cambiar para volver al pasado. Se abren las compuertas del infierno político.
JPM


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