Con la excepción del análisis periodístico de perspectiva, el ensayo sociopolítico -de coyuntura o situacional- sobre un fenómeno o un aspecto en particular de la realidad nacional, prácticamente desapareció del horizonte cultural-académico y periodístico del país una vez el marxismo entró en crisis paradigmática y el componente doctrinario-ideológico se diluyó-bifurcó: en cooptación política-electoral, repliegue académico-profesional -docencia y ejercicio profesional u técnico-burocrático (público-privado)- o, en pura asimilación-militancia (de derecha o, de poses revolucionarias) que no resiste el más mínimo desmentido. De suerte, que aquella valiosa tradición ensayística –sociopolítica-ideológica- de las décadas de los años 70 y 80, se eclipsó con la desaparición física -o ausencia-repliegue- de sus mejores cultores: sociólogos, politólogos e historiadores; sin obviar, el aporte-rivalidad -política-intelectual-
Sin duda, tal ocaso teórico-académico-científico en el abordaje sociopolítico-cultural de la realidad nacional, en el diarismo, se ha traducido en un vacio de rigurosidad científica mínima y la proliferación-bifurcación, por una parte, de: a) una “escuela” -sociología light de dos alas-: periferia política-intelectual de oposición política disfrazada de “opinión pública” y actores sociales (sociedad civil-Ongs) que empujan agendas supranacionales bajo el tutelaje-financiero del “situado” internacional; y b) bocinas mediáticas proveniente del “periodismo” de renta-pluma-TV-Internet-redes-
Y es tanto el vacio u ausencia de ensayo sociopolítico riguroso, que, cuando alguien, fuera de lo rutinario, hace algún ejercicio de análisis sociopolítico crítico y de perspectiva sobre un determinado asunto o aspecto neurálgico que puede ser político-electoral, socio-histórico o, de coyuntura situacional, automáticamente, surgen suspicacias. O sucede algo peor: si el ejercicio proviene de algún político –de mérito y formación intelectual- o de un académico-intelectual-
Esa descalificación o “repuestas” a priori, es la certeza de que franjas, quizás mayoritarias, de la consciencia colectiva-nacional han sido adormecidas por una vocinglería mediática de “hacedores de opinión pública” de mudanza y acarreo, bocinas panfletarias y sociología light, cuyos presupuestos epistemológicos-deontológicos –si es que los asumieron alguna vez- están signados por esas aristas políticas-fácticas, o cuando no, de ejercicio cuestionable de “periodismo”, la profesión de economista, de abogados-“jurisconsultos”, sociólogo-politólogo y de sastres-“encuestologos”.
Por suerte tenemos libertad de prensa, libertades públicas, periodistas, líneas editoriales (suplementos-análisis-


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