POR E. MARGARITA EVE
Una reflexión sobre violencia, prevención y las señales que muchas veces ignoramos demasiado tarde.
Hay imágenes que no desaparecen de la memoria con facilidad. La de una mujer corriendo desesperadamente para salvar su vida es una de ellas. El caso de Esmeralda Moronta invita a reflexionar sobre la fragilidad de los procesos de protección y sobre cómo, en ocasiones, las señales de peligro no siempre se interpretan a tiempo.
Más allá del hecho puntual, estas tragedias revelan una realidad compleja. Muchas no ocurren de manera repentina, sino tras advertencias previas que se diluyen entre la duda, la normalización del riesgo o la lentitud de la respuesta. En ese espacio entre la señal y la acción es donde, a veces, se pierde la oportunidad de prevenir antes de que la situación se vuelva irreversible.
En el año 2008 viví una experiencia personal relacionada con una situación de acoso por parte de un subdirector escolar. Primero acudí al Ministerio de la Mujer, desde donde fui remitida a un destacamento policial. En ese momento todo era reciente y existía poca información sobre cómo proceder, lo que hacía más complejo comprender la ruta institucional adecuada.
Posteriormente, al tratarse de un caso sin agresión física, fui enviada a otra instancia y, al no existir una relación sentimental previa, el proceso me condujo finalmente al departamento de prevención correspondiente. Fue un recorrido marcado más por la clasificación del caso y la estructura institucional que por una atención inmediata desde el inicio.
Ese proceso se extendió en el tiempo y resultó emocionalmente desgastante. Incluyó medidas de alejamiento y reflejó cómo, en ocasiones, una persona debe atravesar varias instancias y exponerse sin la suficiente seguridad. En ese recorrido intervino una jueza extraordinaria, cuya sensibilidad y firmeza fueron determinantes para dar cierre al proceso.
Más allá de los procedimientos, queda una reflexión importante: la prevención no debería depender únicamente de la clasificación de un caso. La escucha, la interpretación del riesgo y la rapidez de la respuesta deben ser tan importantes como el procedimiento mismo, especialmente cuando está en juego la seguridad emocional y física de una persona.
También resulta necesario reflexionar sobre la forma en que entendemos las relaciones humanas. La galantería cuando es auténtica, no se basa en la insistencia ni en el control, sino en el respeto. La conquista o reconquista, en su versión sana, se construye desde la coherencia, la comunicación y el reconocimiento de los límites personales.
La independencia emocional y económica de la mujer no debe interpretarse como una amenaza ni la dependencia como una deuda afectiva. En algunas relaciones, los regalos o el apoyo material no tienen mayor significado; sin embargo, en otras dinámicas, lo invertido económicamente puede transformarse en una sensación de propiedad y generar la idea equivocada de que la otra persona no puede terminar la relación libremente.
Mi cuento “Mi razonamiento machista”, incluido en la antología hispanoamericana Voces que rompen el silencio, recopilada por Aurelia Castillo y centrada en la violencia de género, explora cómo ciertas construcciones sociales influyen en la manera en que se entienden los vínculos afectivos, los riesgos de la conducta hipergámica reincidente y las dinámicas de poder.
A veces un “no” puede surgir desde la emoción o la frustración del momento, pero cualquier intento de acercamiento o reconciliación debe sostenerse en la paciencia, el respeto y la madurez emocional. La verdadera caballerosidad no invade ni presiona; sabe detenerse sin necesidad de cruzar límites.
En algunas culturas se valora más la lectura del espacio personal y el
lenguaje no verbal, mientras que en otras se ha romantizado la insistencia como señal de interés, confundiendo persistencia con respeto y desdibujando límites emocionales que nunca deberían perderse de vista.
Reconocer las banderas rojas en una relación es fundamental. El control, los celos excesivos o la manipulación emocional suelen aparecer de forma progresiva y, con frecuencia, terminan normalizándose en las primeras etapas de la relación. La educación emocional y la defensa personal pueden marcar una diferencia real antes de que una mujer tenga que correr por su vida.


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dejen de pegar cuerno y creer que los hombres on alcancia. los hombre tambien son victima de la mujere. ningun hombre mata a una mujer o le da una golpia por placer. lo hace porque la mujer sabe como hace que un hombre se sienta mal. pegando cuerno.