Lavar la cara al gobierno, inyectarle sangre e ideas nuevas

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EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

Como cada año, la cercanía del 16 de agosto viene acompañada de rumores y expectativas de cambios en el tren gubernamental, que a veces son pronunciamientos claros y directos planteando la necesidad de llevar caras nuevas a la administración pública, como ha sido el caso del obispo auxiliar de Santiago, monseñor Tomás Morel Diplán, quien ayer consideró saludable que el presidente Luis Abinader sustituya a aquellos funcionarios que no están haciendo bien su trabajo o que muestran señales de cansancio.

“Cuando hay cambios en cualquier institución se dinamiza, y sobre todo en el Estado. Muchas veces llegan caras nuevas, con nuevas ideas; personas que puedan aportar, porque después de dos años de servicio se van agotando los funcionarios y las ideas”.

Y aunque el prelado, probablemente por prudencia, no los mencionó, en esa lista debería incluirse también a los que desde sus ministerios han sido una fuente permanente de ruidos y conflictos, a los que no hace falta identificar; e igualmente a aquellos que todavía, dos años después de asumir sus cargos, no acaban de entender que llegaron al gobierno para hacer las cosas de manera diferente, a los que no se debería esperar que cualquier día de estos Alicia Ortega o Nuria los sorprendan fuera de base exponiendo al sol sus trapos sucios.

Desde luego, la última palabra siempre la tendrá el Presidente de la República, quien desde su condición no está en la obligación de hacerle caso a las sugerencias de un obispo ni tampoco a las de este servidor, aunque estén animadas de las mejores intenciones.

Pero sería un error no aprovechar la oportunidad que le ofrece la fecha, las expectativas de cambios que la acompañan, para lavarle la cara al gobierno, inyectarle sangre e ideas nuevas, apartando de su lado a los funcionarios que no funcionan. O, peor todavía, que ni siquiera les importa que así sea, pues creen que el cargo es un derecho adquirido al fragor de la campaña electoral que llevó al PRM al Palacio Nacional.

jpm-am

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Jerónimo Gonzalez
Jerónimo Gonzalez
2 meses hace

Hay que limpiar la casa, empezando or Antonio Almonte, conocido como Uncle Tom.

Daniel Soto
Daniel Soto
2 meses hace

Pero periodista: tú mencionas a Nuria y a Alicia Ortega, y la pregunta es, porqué Nuria nunca denunció a Manuel Estrella y Alicia no denunció a su esposo, el señor Hasbúm, que fue el asesor de José MIchelén en INESPRE. Aquí cada quien tiene sus corruptos favoritos.

Raúl Hernández
Raúl Hernández
2 meses hace

Buenas tarde.

En Perú, el partido que llevó al poder al presidente Pedro Castillo, lo sacó de sus filas.

Perú Libre, se sintió avergonzado con el tipo de gobierno de Castillo.

Eso debe hacer el PRM, sacar de sus filas al presidente Luis Abinader. Un gobierno de los empresarios y los popis.

Dr. RAaúl Hernández P.

Bibi
Bibi
2 meses hace

Pa’fuera: Furcal, Neney, Diaz Morfa, Limber, Chu.

Papote
Papote
2 meses hace

Dale un traje a un mono, y se creerá un funcionario »
No todo el mundo puede llevar ese compromiso, y los del PRD ( prm) lo mismo, no saben gobernar.

Hi Camilo
Hi Camilo
2 meses hace

Claudio Acosta toma una postura igual a la del Obispo Diplan Morel, que hablan y no tienen los timbales de señalar nada, quiere que sea Nuria o Alicia que digan, el como periodista debe decir los nombres de los funcionarios que mantienen la estridencia dentro del gobierno, así si es bueno, el periodista está para señalar las indelicadeza, no para silenciarla, el pueblo habla de un tal Roberto Fulcar y Jose Leonel Cabrera Abud, ex PRD, ahora PRM.