El debate público gira en torno a dos “realidades”, la primera forjada en la veracidad u objetividad y la otra en una percepción que se construye para la conveniencia de actores que participan en la contienda política, económica o social.
Es posible que en un punto determinado de la discusión mediática, la realidad objetiva y la percepción coincidan o confluyan de tal manera que sería muy difícil a ojos y entendimiento del ciudadano ordinario identificar o separar una de otra.
¿Cuál sería la realidad económica, social o política que signa hoy a la sociedad dominicana? ¿Cómo determinar un perfil originado en una percepción prefabricada?
La realidad objetiva y la derivada de la percepción no podrían separarse totalmente ni de manera definitiva porque una se convierte en la sombra de la otra, más aun cuando una apreciación colectiva sobre una situación determinada puede corresponderse con la verdad o veracidad.
Cuando la mayoría de la población tiene una percepción errada de la realidad, sin importar si lo que se acoge como cierto beneficia al Gobierno o a la oposición o a cualquier otro tipo de interés, la sociedad extravía caminos y las crisis se vuelven virales.
Cada ciudadano maneja su propia realidad que conforme a su situación económica o social la conecta con la que se origina en la percepción, de tal manera que la objetividad no marca igual para aquel que sufre desempleo, marginalidad, inseguridad o la persona jurídica cuyos negocios o emprendimientos se desploman.
Otra parte de la población que ha logrado conectarse con el crecimiento y expansión de la economía o que ha sido beneficiada directa o indirecta de las políticas públicas de inclusión social y redistribución del ingreso, accedería también a una realidad oscilante entre la objetividad y la percepción.
La realidad objetiva nace en las estadísticas fiables sobre cualquier sector de la sociedad, ya sea el comportamiento de la economía, el porcentaje de desempleo, déficit de vivienda, almacenaje de agua, generación eléctrica, seguridad ciudadana, o lo que sea, toda vez que las cifras no manipuladas, no mienten.
Para saber cómo la gente percibe, por ejemplo, la realidad económica del país, se acude a una variable denominada Índice de Confianza del Consumidor (ICC), que mide el consumo de bienes y servicios, renovación de inventario y compromisos financieros para determinar si los ciudadanos confían o no en el presente y futuro de la economía.
Ese índice supera el 60%, señal de que la gente se adhiere a la realidad que indica que la economía crece y se consolida, como lo demostró el éxito de la Feria Inmobiliaria Expohogar, del Banco de Reservas, con casi cinco mil millones de pesos en financiamientos aprobados para viviendas y locales comerciales. La realidad es una e indivisible.
of-am

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