La necesaria “reforma” de la educación dominicana

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El autor es educador. Reside en Orlando, Florida

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Por HUGO R. GIL

La palabra “reforma” es otra de esas palabras que divide abruptamente la opinión de la gente. No sólo que las divide, sino les pone los nervios de puntas a muchos y los ubica en posiciones ideológicas opuestas. Esto se nota más aún cuando se habla de reforma educativa.

Muchos de los que dicen defender la susodicha reforma se limitan a introducir en el currículum educativo algunas temáticas particulares para satisfacer la agenda internacional de los denominados “progress”. Sin embargo, la reforma de la educación dominicana no es asunto de temas o contenidos, ni siquiera de recursos.  Se trata más bien de cambios estructurales que lleven a los estudiantes a funcionar más a tono con los avances tecnológicos que en las últimas décadas ha experimentado la humanidad. Un cambio que haga entender que el estudiante no es una caja de archivo de contenido, sino mas bien un ente dinámico, creador de contenido.

Debemos enfatizar que la problemática de la educación dominicana tampoco es una cuestión de recursos. Después de la aprobación del 4% del presupuesto nacional, se esperaba que hubiera algún progreso en el nivel educativo de nuestros estudiantes, pero los resultados han demostrado lo contrario: hemos perdido posiciones en las evaluaciones comparativas de los niveles educativo frente a otras naciones. No importa de cuantos recursos se disponga si no se toman en cuenta factores cruciales en la dinamización de la educación dominicana.

La solución definitiva a la problemática de la educación dominicana implica más que sumar contenido, preparar maestros, construir edificios, cambiar funcionarios, aprobar legislaturas. Insistimos: es necesario un cambio estructural. No una simple copia o adaptación de lo que están haciendo en otros países. No un simple cambio en procura de mantener la simpatía partidaria de algún político particular. El problema no es de forma, sino de fondo; por tanto, implica la toma de medidas serias y responsables que no se limiten a quedar bien por cuatro años, sino a transformar nuestros niños y nuestros jóvenes para toda la vida.

Esta empresa requerirá del concurso y participación de todos; no debe ser el escenario para protagonismos personales o de grupos ni para beneficiar a un sector determinado. La educación dominicana debe transformarse en una marca país, en algo que nos defina y nos caracterice ante el conglomerado de naciones del planeta. Algo auténtico y autóctono que huela, suene y sepa a bandera dominica.

(Por razones de espacio estaremos publicando en posteriores entregas, lo que a nuestro entender deben ser las tácticas y estrategias de esta transformación que cambiará el modelo estructural de la educación dominicana).

jpm-am

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