POR: SELENNY LOVERA
La muerte de la manatí Juanita me entristece y me lleva a pensar sobre la vida de los animales en República Dominicana.
No soy técnica en asuntos de biología marina y por ende no puedo argumentar mucho sobre lo sucedido, lo que sí sé es que Juanita fue mantenida en cautiverio por años y luego liberada a una muerte segura. Pero su muerte me motiva a escribir sobre el sufrimiento de los animales en este país indolente y mal educado hacia el respeto que debemos tener por sus derechos.
Es tiempo de que cambiemos la forma de relacionarnos con los animales, de entender que este pedazo del mundo en el que vivimos los dominicanos también les pertenece a los animales que habitan aquí, razón por la cual el Estado debe definir una política de protección que vaya más allá de una simple ley. Que solo se aplica en algunos casos aislados y mediáticos, como por ejemplo, el caso de la perrita Trufa.
No hay un dia en que no vea en la calle un animal ya sea muerto, en situación de abandono, enfermo y hambriento buscando en los zafacones o amarrados por sus dueños privándolos de su derecho a la movilidad. El mayor maltrato ha sido y sigue siendo la indiferencia de los gobiernos, que no han educado a esta población para que tenga conciencia, para que aprenda a amar y, si no, a respetar a esos seres vulnerables. Palabra que no me canso de repetir, porque es su vulnerabilidad lo que a mí me sensibiliza y por la que lucho para que los dominicanos lleguemos algún dia a tener una actitud más amable y respetuosa hacia ellos.
No voy a negar que en ocasiones el Ayuntamiento del Distrito Nacional ha realizado campañas limitadas de esterilización y vacunación, pero eso no es suficiente, es lo mínimo que pueden hacer. La ley pone a su cargo responsabilidades que van más allá de esas simples campañas, mandato que han ignorado y justificado con el argumento de que no cuentan con terreno para construir un albergue para rescatar los animales desamparados. Si no tienen terreno, que implementen una red de clínicas veterinarias gratuitas para que las personas de escasos recursos económicos lleven sus animales cuando estén enfermos o cuando necesiten ser vacunados y esterilizados. En la mayoría de los casos estas personas tienen que dejar morir a sus mascotas porque no tienen recursos para costear los elevados precios de los servicios veterinarios. También están los que rescatan animales de la calle, que están enfermos o con heridas de gravedad. Muchas veces han tenido que desistir de su labor porque tampoco cuentan con los recursos suficientes para tantos rescates.
Es indispensable contar con una entidad más eficiente para interponer las denuncias contra los maltratadores de animales, porque si no hay consecuencias para aquellos que maltratan los animales de qué sirve la ley, y no puede haber cambio sin educación, sin ejecución y sin consecuencias.
Por el contrario, educando, protegiendo y estableciendo un régimen de consecuencias se puede cambiar esta cultura de creer que los animales no tienen derechos, y consecuentemente acabar en gran medida con el sufrimiento de tantos animales maltratados.

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