Con la diáspora dominicana pasa lo mismo que con los subsidios: mucha bondad, poca estrategia. Y sin estrategia, la bondad se vuelve condena.
Es bondadoso llamar a la diáspora “héroes nacionales” cada vez que suben las remesas. Es bondadoso recibirlos en el aeropuerto con merengue en diciembre. Es bondadoso crear oficinas, ventanillas y discursos para decirles que el país los quiere. Pero si eso no se traduce en estrategia, estamos condenando ese vínculo al desgaste.
La diáspora envió más de US$10,000 millones en 2025. Eso es bondad pura: mandan su salario para sostener familias, pagar medicinas y educar sobrinos. Pero el Estado ha respondido sin estrategia. No hay un plan real para canalizar parte de ese flujo hacia inversión productiva. No hay incentivos serios para que el dominicano en Nueva York o Madrid ponga una fábrica aquí, no solo una casa cerrada en su pueblo. Sin estrategia, la remesa se consume y se va. Con estrategia, la remesa se multiplica y crea empleo.
NECESITA ALGO MAS QUE DOCUMENTOS
También es bondad sin estrategia abrir consulados que solo renuevan pasaportes. El dominicano en el exterior no necesita solo un documento. Necesita que su gobierno le ayude a invertir, a exportar, a montar negocios, a traer tecnología. Si el vínculo es solo emocional y burocrático, la segunda generación ya no regresa ni manda. La condena es perderlos.
Y del lado de la diáspora también aplica. Es bondadoso mandar la caja, pagar la fiesta del pueblo y resolver emergencias. Pero sin estrategia, esas familias dependen para siempre. La verdadera bondad sería crear cooperativas, financiar estudios técnicos, montar un colmado para la hermana en vez de mantenerla. Sin estrategia, la ayuda crea dependencia. Con estrategia, crea autonomía.
El MICM se reúne con Grupo SID para hablar de empleo y competitividad. Bien. ¿Cuándo se sentará con la diáspora empresarial a diseñar un plan para que inviertan en zonas francas, en agroindustria, en tecnología? Ahí hay capital, hay conocimiento y hay mercado. Solo falta la estrategia que convierta la nostalgia en producción.
MANDANDO DINERO SI VER FUTURO
La bondad sin estrategia con la diáspora nos condena a dos cosas: a un país que vive de la lástima de sus hijos ausentes, y a una diáspora que envejece mandando dinero sin ver futuro. La verdadera bondad es incómoda: exige pedirle al de fuera que invierta, no solo que regale. Exige darle seguridad jurídica, no solo abrazos. Exige planificar para que el US$1,000 de remesa se vuelva una empresa que emplee a diez.
Porque el amor sin plan es asistencialismo. Y el asistencialismo, a largo plazo, es una condena para los dos.


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