Hermandad y armonía versus luchas, discordias, grietas y rompimientos

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El autor es obispo emérito de la Iglesia Episcopal/Anglicana. Reside en Santo Domingo.

(I parte)

En las Santas Escrituras y en la historia secular de la Civilización Occidental hay numerosos relatos de hermandad y armonía, así como luchas, discordias, grietas y rompimientos entre hermanos, confraternos, y amigos. Estos contubernios sirven de ejemplo de lo que sucede actualmente en nuestro mundo. Por desgracia, hay continuos enfrentamientos que causan desaliento y muchas interrogantes del por qué suceden estos hechos.  En todo caso de desavenencia, cuando se quiebran las relaciones, los protagonistas generalmente, terminan como “arroyos que se quedan secos” o “hilo enmarañado de una telaraña”. Ponga usted atención a las noticias que se difunden continuamente.

En la Biblia hay muchos casos de complicidades, y entre los relatos más significativos está la indignante narración de Génesis 4:1-10, que habla del funesto acontecimiento entre los hermanos Caín y Abel; quienes, debido a prejuicios, diferencias, celos, malévolos pensamientos, y alevosía, Caín mató a su hermano Abel.  Esta crónica de celos, inquina y violencia nos relata de un hecho negativo de fatal consecuencia. Situaciones de esta índole se repuntan hoy entre cónyuges, hermanos, camaradas políticos, confraternos religiosos, y colegas profesionales.

Un relato muy pintoresco es el de los descendientes de Abraham, en Génesis 25:19-35, donde se dice que Jacob dio a su hermano Esaú “pan y guisado de lentejas”, a cambio de conseguir la regencia del pueblo de Israel. 

En otra parte de la Biblia (1ra Samuel 20 ss.), tenemos la historia de David y Jonatan; esta trata acerca de las mejores amistades que se habla en las Santas Escrituras. Se basó en la fe y la lealtad en tiempos difíciles, donde Jonatan ayudó a David, cuando su padre el rey Saúl intentó matarlo. Jonatan llamó a David, le informó de las intenciones del rey Saúl, y David pudo ocultarse. La actitud de Jonatan fue por el juramento que hicieron estos amigos de comprometerse y ayudarse mutuamente.

La más tierna anécdota bíblica, sin duda alguna, de relación familiar y confraternidad es la de Ruth y Noemí; esta es una hermosa historia familiar donde se demuestra apoyo fraternal en tiempo de desolación y dificultad. El ejemplo de singular relación entre dos personas fue cuando al quedar Ruth viuda del hijo de Noemí, su declaración de lealtad fue como decir: Quiero estar contigo para compartir tu fe y tu pueblo; pues, eres muy bondadosa conmigo; me has hecho sentir mejor por las buenas cosas: “Por tanto, donde tú vayas yo iré, y donde vivas, viviré, tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios”. (Ruth 1:16). Este ejemplo de integridad, solidaridad y compromiso de consagrada relación, hoy día, no es usual entre personas, o grupos en nuestras sociedades.

Otro relato bíblico de un ejemplo muy significativo es de José el hijo menor del patriarca Jacob (Génesis 45 ss.). José era su predilecto entre los doce hijos; este tenía sueños en los cuales su figura era encumbrada y al contarlos a sus hermanos, éstos se molestaban. El hecho de la predilección de Jacob y los sueños de José motivó que sus hermanos se pusieran de acuerdo, conspiraran y concibieran planes para eliminarlo.

José fue vendido a unos mercaderes y terminó en Egipto, donde después de algunos años, muchas penurias, pruebas y manifestaciones de sensibilidad ética-moral, e ingeniosa sabiduría para interpretar sueños, fue nombrado gobernador de Egipto. Con el tiempo hubo sequía en Israel, pero había abundancia en Egipto, donde gobernaba José, y los de Israel, de donde provenía la familia de José, se vieron obligados a adquirir alimentos en Egipto. José tuvo la ocasión de castigar a sus hermanos, pero fue benévolo con ellos; pues, entendió que: “Dios me ha puesto como señor (gobernador) para salvar la vida (de los suyos) de una manera extraordinaria.” (Génesis 45:7).

La narrativa en la Biblia del patriarca Job tiene una extraordinaria abundancia de imágenes de interrelaciones de ese personaje con Dios, consigo mismo, con su esposa y con tres amigos que pretendían demostrarle solidaridad y ayuda en su terrible prueba cuando perdió todos sus bienes, se quedó sin hijos y contrajo una terrible enfermedad.

Los tres amigos de Job al enterarse de las desgracias que le habían sucedido, decidieron ir a consolarlo en su dolor y así lo hicieron para dar demostración de acompañamiento y apoyo en las penas y desgracias que, para Job “pesaban más que la arena del mar”. Ejemplos de una sincera manifestación de apoyo como éste, es para toda persona sensata y en su sano juicio algo que haría como un gesto normal y deseable. La actitud de los amigos del patriarca en el momento de su desgracia deja raíces de esperanza, que ayudan a sobrepasar las angustias, las tristezas, y tormentas momentáneas.

JPM

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