El voto electrónico y la opinión de la Vicepresidenta 

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EL AUTOR es abogado y político. Reside en Nueva York.

Qué pena que en asuntos de fidelidades políticas la exprimera dama haya venido dando tumbos, altibajos y vueltas que marean  a cualquiera: un día apoya y se junta con quien la sacó de ser un personaje anodino en el mundo de la política, y  hasta lo besa públicamente, como hizo Judas cuando traicionó a Jesucristo, y otro día abre una zanja política de separación.

Pero como dijo su esposo, el doctor Leonel Fernández, a quien le juró ante el altar estar en las buenas y en las malas, ella tiene su derecho a decidir y hasta opinar. Pero su última opinión, que el danilismo ha utilizado como una daga política y emocional contra Fernández, carece de importancia y trascendencia. En mi opinión, si bien es cierto que ella tiene derecho a opinar, no es menos cierto que en las actuales circunstancias políticas que vive la nación, ella debe entender que su opinión puede ser utilizada por los adversarios de su esposo para seguir torciendo la verdad.

La vicepresidenta Margarita Cedeño  se  destapó recientemente respaldando el voto electrónico, a contrapelo de lo posición de su esposo que fue afectado por el manejo  desaseado e inescrupuloso  que se le dio en las cuestionadas primarias abiertas del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que produjo el candidato del fraude.

Respetamos el derecho que tiene la vicepresidenta de asumir posiciones públicas conforme asus intereses cambiantes, mutables y mudables, pero no le damos ninguna principalía política, porque el asunto no se trata de que lo diga una vicepresidenta, divorciada, no de su esposo, sino de la realidad política que vive el país, muy en especial el partido d Bosch.

La cuestión fundamental va mucho más allá de lo que opine la vicepresidenta. Lo esencial es que el voto automatizado tiene sus bemoles y que la conservación de la integridad y pureza de nuestra democracia no puede sujetarse a la voluntad omnímoda, empecinada y caprichosa de un zar entronizado en la Junta Central  Electoral que está haciendo peligrar la idoneidad y la confianza en nuestro sistema democrático, y más aún el próximo torneo electoral de 2020.

El líder del partido La Fuerza del Pueblo y de una coalición de partidos que creen en su proyecto de nación, Leonel Fernández, no está solo en su posición de oponerse a la implementación del voto automatizado, sobre todo después de haber experimentado en carne propia sus consecuencias fraudulentas. Detrás de él hay un historial de desaguisados electorales que respaldan sus objeciones.

Países avanzados y democracias desarrolladas como Alemania, Finlandia, Holanda, Irlanda, Noruega y Reino Unido están contestes con Leonel en que el sistema electrónico de votar no es absolutamente confiable, es vulnerable y hackeable, y por ende, no se puede hacer depender de él a la fiel expresión de la voluntad popular.

Por ejemplo, en Alemania, en 2005, después que se realizaron las primeras elecciones parlamentarias con votación electrónica, desistieron de utilizarla en 2009, tras varios pleitos y denuncias judiciales. Allí, la Corte Suprema declaró inconstitucional la utilización de urnas electrónicas por “no permitir el sistema de votación electrónica la fiscalización del proceso electoral por personas sin conocimientos técnico”.

En tanto que en Finlandia, en 2010, el gobierno decidió descontinuar la votación electrónica. El Gobierno de ese país creó en el 2016 una comisión de expertos para estudiar la factibilidad del voto electrónico. En el 2017, dicho grupo de trabajo determinó que no se debía utilizar la votación automatizada ya que la tecnología no tiene el “nivel suficiente para cumplir con los requisitos de verificabilidad y de secreto electoral”.

Mientras que en Holanda, que fue primera y pionera en la implantación del voto electrónico en 1965, ya en 2006, un equipo de investigadores desvelaron que dicho sistema de voto presentaba fallos de seguridad, lo que motivó al gobierno holandés renunciar en el 2008 a ese sistema de votación, regresando al voto físico en boletas de papel.

Lo mismo pasó en Irlanda, que en año 2000 introdujo el voto electrónico, pero ya en el 2004, “el gobierno irlandés creó una comisión independiente para evaluar la seguridad y confidencialidad del voto electrónico. La comisión examinó la insuficiente seguridad y concluyó que no garantizaba la integridad de la elección”. Como consecuencia de ello, años más tarde, en el 2009, el gobierno anunció la suspensión del voto electrónico, y en 2012, el gobierno decidió de manera definitiva deshacerse de las 7500 máquinas electrónicas adquiridas en el 2002 por falta de fiabilidad.

Lo mismo hicieron los gobiernos de Noruega y Reino Unido. De modo, que si así procedieron en la civilizada Europa con relación al voto electrónico, ¿qué importa, qué importancia tiene lo que diga la vice presidenta de la Republica? Lo que importa es la salud y el fortalecimiento de la democracia en la Republica Dominicana, la que sin lugar a dudas encarna la lucha del Dr. Leonel Fernández.

pascualramirez@hotmail.com

JPM
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