El tiempo en la historia

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EL AUTOR es ministro cristiano. Reside en La Vega.

Cuando el hombre analiza el presente, tiene la tendencia a pensar que en todos los tiempos ha sido exactamente como ahora.  Esto le permite juzgar las acciones de los antepasados dentro del contexto del presente, de ahí que, la perfección del pasado no es más que un error atribuido al rol mental actual. El hombre en la actualidad no puede adivinar ni siquiera el pasado reciente y mucho menos el pasado remoto.

La historia nos enseña que los acontecimientos del pasado, son el reflejo de las circunstancias contemporáneas pasadas, y en ese sentido deben ser interpretados. Es decir, que cada hecho debe ser interpretado dentro de su contexto y no dentro de uno diferente, ya que son circunstancias diferentes, y tanto, éstas producen hechos diferentes. De ahí el decir que, «el pueblo que no conoce su historia la repite;» y también, «tropieza de nuevo con la misma piedra».

El tiempo en la historia, es concebido dentro de un espacio (lugar), circunstancias (hechos) y duración (temporal determinado). Los actores de los hechos en ese tiempo histórico, no viven los mismos sucesos que aquellos que serán espectadores a distancia (espacio tiempo), es decir, que la manera de comprender la «era o edad de la esclavitud,» es ubicando la mirada en ese tiempo, en el cual el hombre pertenecía como un objeto a otra persona que lo compró.

Interpretar a los indígenas (precolombinos) como personas sin almas, sin sentimientos y voluntades era la evidencia de desprecio que se tenía de aquellas personas que no eran de su confradía. «Las encomiendas,» que eran la repartición de aquellas personas encontradas en estas tierras, correspondía más a un interés económico (explotación) que a un concepto humano. Esto era una expresión del expansionismo de la época.

De ahí que, en el encuentro de estas culturas, el cristianismo no jugó un papel de evangelizador, sino de co- explotador. Era un buen momento para poner el fundamento del cristianismo, pero el maridaje político – religioso daba al traste con un adulterio económico. Por tanto, ha habido una histórica culpabilidad de los foráneos y un continuo reclamo de los nativos, en consecuencia, los países suramericanos y norteamericanos en ocasiones son estremecidos, debido a esas dos actitudes.

Las luchas políticas, económica y religiosas europeas se trasladaron al «nuevo mundo». Las historias de éstas no han sido bien narradas, ni interpretadas, porque aún siguen las luchas de intereses. La pobreza, en todos sentidos han seguido, con el agravante de que el viejo mundo ha empeorado en sus crisis, y ahora sufren las indetenibles inmigraciones de sus antiguos encontrados. No se ven luces que posibiliten un futuro diferente y atrayente.

El tiempo en la historia nos dice que más que seguir hablando de perdón, es tiempo de resolución de las crisis en que se vive. Por tal razón, la virtud que propaga el cristianismo del amor al prójimo, puede servir como el móvil de soluciones consensuadas, transparentes y globales. El viejo mundo, no debe olvidarse del nuevo, pero el nuevo necesita del viejo, ya que hay raíces culturales, en todo aspecto, y de ambas partes, que complementadas conllevan las resoluciones.

Es triste reconocer que la «Reforma» y «contrarreforma» religiosas incidieron tanto, que dividieron a los dos mundos, en lugar de conquistarlos para Cristo. Todavía se usan los argumentos divisorios, tal como decir que, la Biblia de la reforma (66) le faltan libros, mientras que a la biblia de la contrarreforma (72) le añadieron libros. Eso es penoso, porque los dos mundos compuestos fundamentalmente por iletrados y pobres no tienen la posibilidad de que les resplandezca la luz del evangelio de Cristo.

En este tiempo, en que hacemos una nueva historia, el hombre debe avanzar hacía un mundo de libertad, pero en valores morales, sociales, espirituales y sobre todo divinos. Todos somos responsables de construir un nuevo mundo, no necesariamente de perfectos, pero sí, de visionarios, de solidarios, de cristianos y más que todo, un mundo en amor, paz e igualdad posible.

jpm-am

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Don Puro Cojones
Don Puro Cojones
1 mes hace

Lo primero para saber de la historia, es conociendo la verdad. Y se parte del principio; quienes las han escrito, como las han escrito, a favor o en contra de quien las han escrito. Lo que estamos diciendo es que, si alguien no ha vido ese tiempo recien pasado, su deber es investigar para sacar sus propias conclusiones, como es el caso del cristianismo que nos han vendido; el cual ha sido un puro cuento infantil lleno de contradicciones.

DEGENERADO
DEGENERADO
1 mes hace

la mal llamada biblia es la peor referencia de moralidad. desde principio a fin esta llena de mentiras, sangre, egoismo por parte del tal dios ese que tiene complejo de lo ignoran. las aberraciones mas grande jamas contada estan en el tollo ese que le dicen disque palabra de un tal dios

Luis De New York
Luis De New York
1 mes hace

Sr.Fausto.Los pueblos que no conocen sus historia, O sea,un pueblo que no sabe de donde viene,esta condenado al fracaso. El estudio de la historia del pasado es lo que nos da la base para funcional en el presente y construir un futuro mejor. Nuestros pueblo esta condenado a repetir nuestra historia, quien no sabe de donde viene,no puede fijar norte.

Hércules Poirot
Hércules Poirot
1 mes hace

Hay un movimiento fuerte de intelectuales conservadores influyentes,que abogan por lograr lo que el articulista propone,ejemplo,llevar la Biblia a las escuelas,darle valor y respeto a la familia,cercenanar ciertas libertades,como la reciente deslegalizacion del aborto en USA.Ellos tuvieron recientemente un cónclave en Orlando,Florida