El tema de los robos copa nuestras conversaciones

 

El tema de los robos, asaltos y  atracos se ha metido en nuestras conversaciones.  No importa lugar ni ambiente, donde quiera se habla de eso. Una  joven abogada relata cómo en el estacionamiento de su oficina, en  Gascue,  céntrico sector  de Santo Domingo, un sujeto le reclama entregar su hija de siete años, a la que recién recogía en un colegio.

El corazón se le aceleró abruptamente. El   truhan    repitió su demanda y se aflojó un poco la tensión de la madre: “Dame el anillo, rápido”. Fue  saludable  enterarse que lo pedido por el  bandido no era la niña, sino el anillo, la sortija académica de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, muy  perseguida por ladrones.

Los robos y asaltos, en sus diferentes manifestaciones y estilos,  predominan en las conversaciones de los dominicanos de cuatro años hacia acá. Cada cual cuenta su caso. Una profesional que labora en una institución del Estado asegura que  ha sido asaltada dieciséis veces. En ninguna ocasión ha recibido una satisfacción de las autoridades.

Otra dama, cuya residencia está próxima a la del presidente de la República, Danilo Medina,  declara que  malhechores  han visitado cuatro veces  su apartamento para robarle. Agrega, con dejo de  conformidad o resignación,  que no ha estado presente durante las “visitas”, por lo cual se considera una sobreviviente.

Los robos  y atracos tienen a los dominicanos  con los nervios de punta. Los que pueden, andan con espalderos, otros se han provisto de armas,  pero los agentes del delito son suficientemente sagaces para burlar prevenciones. Y como le quitan un celular y unos pesos a un jornalero, le arrebatan una yipeta a un pequeño burgués.

El miedo a los asaltos callejeros ha incrementado el uso del automóvil. Alguna persona  quisiera irse a pie a su trabajo u  otros lugares cercanos, pero el temor  a  ser acometida por un delincuente le conmina a desplazarse sobre ruedas. No obstante, abundan casos de personas atracadas a  bordo de su auto por delincuentes motorizados.

Un bandido se acerca a una maestra que labora en una escuela de la parte norte de la ciudad  y la detiene, la manotea y la regaña  porque ha salido a la calle con prendas de valor, y exige que se las entregue.  Los transeúntes  siguen su camino porque todos piensan que se trata de una pareja en conflicto, pero la mujer está siendo asaltada.

Andar con  joyas  de oro es prohibido.  Las bandas se especializan en el robo de determinados objetos. Hay una  experta en  captar el anillo de  la UASD, el cual es usado por  mucha gente de vida modesta  que ha realizado estudios superiores. Aquí cada uno cuenta su experiencia como víctima, el tema de los robos ha asaltado nuestras conversaciones. Es penoso.

rafaelperaltar@gmail.com

JPM

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