El retorno de los dioses fuertes

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El autor es abogado. Reside en Santiago.

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Por LUIS EDUARDO GUTIÉRREZ

La (nueva) victoria electoral de Donald Trump ha sorprendido y escandalizado a muchos dentro de esa franja electoral que se hace llamar «progresista». Ante su derrota, los progres y sus brazos mediáticos (que más bien constituyen un grupo de opinión sincronizada) han realizado cero autocrítica y, en un ejercicio de fatuidad intelectual supino, han atribuido el triunfo de Trump a que sus votantes en general poseen menos preparación académica que los de Harris (como si los títulos universitarios fueran señal de inteligencia o de superioridad moral).

En abierta confrontación a la supraindicada tesis, estoy convencido de que el triunfo de Trump hay que atribuirlo a lo que el escritor y filósofo estadounidense R.R. Reno ha llamado el retorno de los dioses fuertes, que no es más que una metáfora del regreso de las ideas sólidas que constituyeron la base de la civilización occidental.

En opinión de Reno, luego de la Segunda Guerra Mundial se inició un proceso de destrucción de estas ideas fuertes (Nación, comunidad, familia, Dios), para sustituirlas con las ideas de cosmopolitismo, fronteras abiertas, economía desregulada, etc. Aquellos «dioses fuertes» fueron condenados al ostracismo, y se los intentó condenar a muerte cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. ¡La historia ha terminado!, dijo Fukuyama en esa ocasión recordando a Kojeve. Ahora viviríamos en una acadia feliz cosmopolita en la cual todos progresaríamos económicamente.

Pero la utopía se convirtió en distopía. El progreso económico y la igualdad de oportunidades que prometió la globalización neoliberal terminó por acrecentar aún más las diferencias sociales. Y ocurrió lo que sentenció Orwell en su novela «La rebelión en la granja»: «Todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros». En efecto, todos formalmente tendríamos las mismas oportunidades, pero claro, las élites tendrían muchas más que el resto de la plebe.

Pues bien, ante este proceso de desindustrialización; de ataque a la familia por parte de la teoría queer con Judith Butler a la cabeza; de ataque a toda idea de Dios por partes de las doctrinas materialistas; y el ataque a la idea de Nación permitiendo la inmigración descontrolada y masiva, hubo una reacción por parte de gran parte de la población estadounidense (aunque es un fenómeno que puede verse en muchos países). Una parte de la población exige el retorno de los dioses fuertes de su largo exilio.

He allí la causa real de la victoria de Trump. Y es que una parte importante de la población estadounidense ve en él la esperanza del retorno de la idea de nación, de familia, de orden, en resumen, el retorno de los dioses fuertes. Y esto es algo que gran parte de la progresía no ve, porque viven en una burbuja. Creen que los votantes de Trump son unos pobres diablos que no están a su altura intelectual o moral. Y como la progresía tiene plenitudo potestatis, ellos deciden dónde está el bien y el mal; quien es tonto y quien es listo.

Ahora bien, lo que acabo de señalar no implica en absoluto que Trump vaya a poder lograr que los dioses fuertes regresen, eso solamente el tiempo lo dirá. A final de cuentas el señor Trump es un político, y los políticos suelen hacer promesas que no pueden cumplir. Pero al margen de ello, lo políticamente interesante es que ya se ha producido una reacción, y el desenlace de la misma está todavía por verse.

jpm-am

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