Hemos visto cómo nuestro mundo cultural y la población en general acogió complacida regocijándose y haciendo suyo el veredicto de la Fundación Corripio otorgando el Premio Nacional de Literatura al escritor Marcallé Abreu, con igual entusiasmo del año anterior cuando el seleccionado fue Tony Raful.

Estas conformidades reflejan el acierto en esas decisiones del jurado de la Fundación Corripio.
La Sociedad prestigia esta premiación aceptándola como el mayor reconocimiento por la dedicación de una vida al esfuerzo escritural, a la magia de sacar arte de las palabras.
Ante los ojos de la nación, aquel pergamino nos designa un Rey del País Cultural durante un año, como poseen el suyo las alegres fiestas carnavalescas.
En el flujo de temas que traen las nocturnas tertulias traje a colación el fin del año de reinado de Tony y aplaudí entonces lo vistoso de su desempeño.
Estuvo en todas partes repartiendo su afable presencia, supo dar valor y brillo a la imagen del escritor ofreciendo, pienso yo, un modelo estimulante como dedicado promotor cultural.
Nos entrega la Fundación un nuevo rey, ojalá también Marcallé continúe redimensionando la consagratoria premiación recibida volcándose hacia la sociedad.
Ojala sea un creador de paradigmas positivos que considere al arte y al artista un bien común.


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