El peor y el mejor momento del PLD

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El AUTOR es periodista y abogado. Reside en Santo Domingo.

Cuando los hechos golpean de frente, un político objetivo acepta la realidad y no esconde su cabeza como el avestruz. Es innegable que el error deja más enseñanzas que el éxito. Los pueblos como los ejércitos aprenden de los fracasos con mayor certeza que de los triunfos. Las batallas perdidas son lecciones pedagógicas en el arte de la guerra.

El PLD pudiera estar en uno de los peores momentos de su historia. Pero al mismo tiempo, si se aplican los remedios que la situación interna y del país demandan, este podría ser su mejor momento. Nadie puede negar que más que una institución partidaria organizada para gobernar un país, esa entidad fue convertida en un instrumento para satisfacer el ego sin límites y la eterna aspiración de ser presidente.

De lo contrario, el despacho de ese líder debió estar en la calle Cervantes y no en una fundación. Hace tiempo que la máxima autoridad de ese partido no ejercía sus funciones.

Y  de hecho, el PLD era tres letras o una sigla vacía de contenido. Los intereses de la persona guillotinaron el partido. Su balaguerato quiso hacer del PLD, lo mismo que el caudillo “colorao” había hecho del Partido Reformista: simple maquinaria que se activa para llevar cada cuatro años a su líder al poder. Y mientras “él respire que nadie aspire”.

Apostó al fracaso de Danilo. Se sumó a los círculos opositores y a los críticos impenitentes del presidente. No disimuló su perpetuo deseo para que la gestión de Danilo llegara a su fin. Los hechos del 2016 y del 2019, pintan su retrato. Su defensa a la Constitución era tan solo la careta y la manifestación del Congreso la otra parte del disfraz. Y al perder las primarias, como ya no podía usar otra máscara, justificó su salida al grito de ¡fraude!

Si los generales hacen una tregua para recoger sus muertos y darles cristiana sepultura. En este instante los comandantes están obligados a pasar balance y a entender que con tropas indisciplinadas no se ganan batallas. Si los dirigentes del PLD saben aplicar los correctivos de lugar y reorientan esa organización por los senderos que las circunstancias exigen, este podría ser su mejor momento.

El desafío es enorme, la magnitud del reto parece no tener precedente. Nada está por encima del vigor de una voluntad que asume a plenitud su misión y dice a pulmón lleno: ¡triunfaré! El peor momento podría engendrar el instante supremo para ganar.

 leonelmartinez3000@gmail.com

JPM/of-am

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