El ing. Gonzalo Castillo, mejor conocido en el argot electoral dominicano como El Penco, ha desarrollado en este inicio de campaña una ardua labor proselitista como candidato presidencial del partido oficial, donde ha sido notorio la falta de apoyo ciudadano, no obstante abarcar en sus recorridos la mayoría de las localidades del territorio nacional.
Es evidente que El Penco está trillando un camino escabroso donde las dificultades lo han limitado de conectar con la gente, en algunos casos, mientras que en otros, los inconvenientes de superarlas le han generado problemas en las encuestas y a la postre le impedirán ganar la posición e impedir que su partido continúe más allá del 2020.
Hay dos aspecto en la candidatura de Gonzalo Castillo que de entrada frenan sus expectativas y que son de dominio público; el primero tiene que ver con sus aptitudes, no es buen orador, su imagen no refleja humildad y no tiene talento para incitar, ilusionar y convencer, todo esto es valorado por un sector de votantes.
El segundo está relacionado con las cualidades: El Penco ha bailado en la mayoría de los escándalos de corrupción y no ha sido ni imputado, ni investigado. Parece tener patente de corso para infringir la ley. Esto último se revierte en su contra porque pone en tela de juicio su integridad y honestidad, que son los dos elementos del perfil del candidato que la sociedad desea para combatir la corrupción e impunidad.
En el proyecto oficial afloran los obstáculos por todos lados. La sociedad desea el cambio y Gonzalo no lo representa, porque él es más de lo mismo y es difícil aparentar lo que no se es; es un candidato sin propuestas, sin proyectos y su talón de Aquiles está en la dificultad para debatir, lo que le crea problema de imagen que no le permite sumar.
Como candidato del partido en el poder carga con el lastre de los escándalos del gobierno. (Cesar el abusador, el acoso y la presión a periodistas independientes)
Quiero para concluir expresar que las aspiraciones de El Penco están abocadas al fracaso como sucedió con el intento reeleccionista de Danilo Medina. Los sondeos y pobre participación en las actividades del candidato no mienten. La diferencia con el candidato puntero es abismal, que no se llamen a engaños y piensen que pueden revertir los porcentajes como sucedió con Hipólito en el 2012.
Que tengan claro que todas las campañas no son iguales y que los escenarios, actores y factores ahora son diferentes, que será imposible ganarle a una sociedad que votará en contra de la corrupción e impunidad «con un penco que no prende ni empujao.»
JPM


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