El éxito ferial de Eugenio Fortunato

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Si el éxito de una obra literaria se mide por los aplausos y la cantidad de público que asiste a la presentación, entonces el lanzamiento de “Rimas y Picardías” de Eugenio Fortunato en la Feria del Libro de Santo Domingo fue un rotundo éxito. El Pabellón de Escritores Dominicanos estuvo tan repleto de entusiastas de la poesía rimada o de la décima que apenas pude asomar el rostro para dejarme ver por el autor, con quien tengo un lazo de amistad desde los años ochenta. El acto no pudo quedar mejor. La gente no solo escuchó las palabras laudatorias del poeta Mateo Morrison, que presentó la obra, sino que también participó en una lectura colectiva, para no decir viral, comandada por el maestro de ceremonias, el no menos entusiasta Ramón Saba. En realidad fue una velada en la que debimos engavetar el lapidario juicio crítico y montarnos junto a Eugenio Fortunato en una rudimentaria barca literaria arrastrada por la corriente de la emoción de un público que nunca dejó de aplaudir ni celebrar lo que escuchaba al final de cada poema. Al mismo Eugenio Fortunato se le veía reír a carcajadas como solo puede hacerlo un hombre genuinamente inocente y sano, aunque consciente de haber escrito un libro sin mayores pretensiones intelectuales. En la presentación, luego de una breve explicación sobre la poesía culta y la poesía popular, Mateo Morrison concluye que “Rimas y Picardías” es una reiteración del talento de Eugenio Fortunato, “ahora expresado en esa tradición de poesía popular” con “la gracia, la ironía y la precisión” que se puede esperar de una persona conocida principalmente como uno de los principales gestores culturales de la diáspora dominicana de los años ochenta en Nueva York. Para Morrison, en la segunda parte de “Rimas y Picardías” Fortunato logra alcanzar un nivel “que recuerda los aires nicolasguillenescos (en referencia al poeta cubano Nicolás Guillén) con el poema Candonga, que nos lleva durante todo el proceso del mismo con un manejo del doble sentido y con un final por lo menos para mí sorprendente. En esa misma sección destacamos San Fosforito, Los Rumores, Virginidad, y Antillas”. Esos subrayados de Mateo Morrison son interesantes, pero ya dije antes que lo que menos importaba en la presentación del libro de Eugenio Fortunato en la Feria de Santo Domingo, era el juicio crítico; porque solo en ausencia de este “aguafiestas” se pudo dar una de las veladas feriales más divertidas de mi vida. Quedó claro que se disfrutó de una poesía sorpresivamente espectacular en la que el público hizo de la suya al prestarse al juego iniciado por Ramón Saba de escoger lectores al azar, y que convirtió aquello en un popurrí de voces muy conocidas en el ámbito cultural de Santo Domingo. Quizá debo aclarar que Eugenio Fortunato no es un aparecido. Es muy conocido por su extraordinaria labor cultural en Estados Unidos. Además de la familia biológica que logró procrear como todos los mortales cuerdos, se le recordará siempre como el fundador del Grupo Cultural Orientación, uno de los pioneros del teatro dominicano en Nueva York. Eugenio es también autor de la obra de teatro popular “El Salvador Etc”, entre otras actividades relacionadas con el trabajo comunitario. En lo personal, celebro este primer libro de Eugenio Fortunato del mismo modo y entusiasmo que él celebró el mío y los de otros autores jóvenes de aquellos años ochenta en Nueva York. Si el de él llegó tardío no fue por falta de disciplina sino por modestia, pues para nadie es un secreto que Eugenio Fortunato no se considera poeta ni nada por el estilo. Incluso él mismo lo dice en la contraportada: “Aunque algunos pueden considerarlas poesía, para mí no son más que rimas”. Creo que Eugenio logró parte de su cometido de publicar un libro “simple y divertido”, pero no exento de la sabiduría que dan la experiencia y los años. Enhorabuena.

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