Dicen que del dicho al hecho, hay un gran trecho. Que el papel lo aguanta todo. También se habla que las palabras se las lleva el viento. Si analizamos la historia de los líderes políticos, veremos que muchos han hecho correr ríos de tinta diciendo cosas que no fueron correspondidas por los hechos.
Por eso no debemos apresurarnos alegremente a subrayar como cierto todo lo que se dice en un discurso de asunción al poder, porque generalmente está concebido, estudiado y pronunciado para generar expectativas y alinear a la población detrás del presidente que inicia un nuevo mandato.
Casi siempre, el populismo y el afán de crear impacto acompañan a los discursos presidenciales de toma del poder. Por eso, hay que cuidarse de caer preso de la mentalidad de rebaño, que se rige por la emoción, la impresión de lo novedoso y de lo que proyectan las apariencias en el primer momento.
Fijémonos en la algarabía y el entusiasmo que al principio provocaron presidentes que tuvieron un comienzo promisorio y esperanzador, pero que terminaron muy mal, enlodados de pie a cabeza, de tanto haberse sumergido en el fango. De ahí que tenemos que tomar con pinzas y mucha cautela las palabras y el discurso de un nuevo presidente.
Y si queremos un ejemplo más reciente, ahí tenemos como referente el de quien acaba de abandonar el solio presidencial, que por acción u omisión, fue responsable de sonoros casos de corrupción por los que tendrá que responder pronto ante la justicia.
Le toca al pueblo darle seguimiento a las palabras y promesas del presidente Luis Abinader para velar por que las mismas se cumplan y se conviertan en hechos, y que no sean un simple recurso retórico para generar aplausos y ovaciones que muchas veces terminan en frustración y burla de las esperanzas populares.
Deseamos muchos éxitos al nuevo presidente, porque el éxito de su gobierno será el éxito del país. Por eso, hacemos votos para que no nos defraude como ha pasado anteriormente y ahora más reciente con el presidente que acaba de salir que frustro a toda una nación.
Ojala que el presidente Luis Abinader en sus anunciadas intenciones de combatir la corrupción no se quede enredado en la maraña de intereses creados, que sin duda van a pedir la ración del boa. Los días que vendrán confirmarán si el gobierno “del cambio” es tal como se presenta y como se está anunciando.
Por nuestra parte, le damos el beneficio de la duda y un voto de confianza, y no porque seamos escépticos, sino porque es tanto lo que se ha engañado al pueblo con discursos vacíos y propaganda hueca, que no queremos caer víctimas de espejismos.
Esperamos que todo no concluya en un circo mediático para desviar la atención de problemas principales, como la pobreza, el desempleo, la delincuencia, la inseguridad, la carencia de viviendas y la misma gravedad de la pandemia, que hasta ahora hemos enfrentado con mucha deficiencia.
De modo que no nos dejemos envolver por la magia de las palabras, en tanto no se conviertan en hechos incontrovertibles. Por ahora son solo palabras, no hechos.
JPM


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