Uno no se explica cómo pretenden Estados Unidos y los demás países que le han seguido en su aventura, lograr una solución real a la crisis venezolana si al mismo tiempo lo que hacen es dividir más a esa sociedad.
La realidad es que con esa actitud, apoyando una insubordinación, lo que estas naciones han conseguido es ahondar más los problemas de ese país, poniendo a sus habitantes en el extremo de las precariedades, lo que ha forzado a miles de ellos a emigrar a otras tierras donde puedan tener mejores condiciones de vida.
Una población esparcida por diferentes país, entre los cuales Estados Unidos es el que menor facilidad les ofrece, en una contradicción aberrante entre el discurso y la práctica.
Está claro que la administración estadounidense ha tenido que soportar el régimen venezolano a regañadientes, pues ni Hugo Chávez ni su sucesor Nicolás Maduro fueron nunca de su agrado. Basta con recordar el golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002, el cual, si bien no fue abiertamente patrocinado por Washington, tampoco lo condenó a pesar de ir contra su prédica de no alentar derrocamientos de gobiernos.
En esta ocasión, Washington se ha involucrado abierta y descaradamente en atizar una crisis que de no haber sido por ese factor, probablemente los venezolanos ya habrían encontrado una salida al problema.
Quizá el principal error que cometen Estados Unidos y sus socios es pretender resolver la crisis al margen de una de las realidades concretas y determinantes que existen actualmente en Venezuela: el chavismo.
Ninguna solución se puede dar sin reconocer que el chavismo—además de contar con los factores de poder que da el ejercicio del Gobierno durante dos décadas—es una fuerza que en términos porcentuales usted puede quitarle o ponerle lo que entienda, pero que a la hora de medirse es la mitad de la población del país.
¿Cómo pretenden resolver algo ignorando a la mitad de ese algo? Es ilógico pensar que mediante presiones, reconocimientos maliciosos a situaciones forzadas, embargos económicos y otras diabluras, el chavismo se va a despojar pura y simplemente del poder que el pueblo le ha dado, para complacer majaderías de Estados Unidos y otros países?
Eso que ni lo piensen. Ahora bien, de que el chavismo tiene que abrirse a un diálogo aceptado por la otra parte, de eso no hay duda. Lo que acontece es que no quieren conversaciones sino entrega.
En lo que a nosotros concierne, que Donald Trump haga cualquier cosa contra Venezuela nos tiene sin cuidado. Pero que lo haga un Gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, el partido de Juan Bosch, eso sí que duele. Y mucho.

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