De invasiones y golpes de Estado

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EL AUTOR es periodista y embajador de la República Dominicana ante la Santa Sede. Reside en Roma.

Hace ya tanto tiempo, éramos niños adolescentes, y sufrimos los traumáticos cambios sociales que produjo en la sociedad dominicana un conjunto de sucesos políticos ocurridos entre los años 1961 y 1965. Asesinatos, represiones, Golpe de Estado, invasión militar extranjera y hasta encerronas carcelarias por razones políticas. Injustas e inhumanas persecuciones que sufrieron muchas mujeres y hombres dominicanos, y también jóvenes adolescentes como yo. Sin ningún asidero legal, sin ningún motivo, en dos ocasiones fui atropellado en las calles del centro de la ciudad de Santo Domingo por las fuerzas represivas ilegales e ilegítimas que desgobernaron la República Dominicana luego del Golpe de Estado de 1963. Fueron miles los que sufrieron los vejámenes apadrinados por quienes se presentan ahora como los paladines de derechos humanos que ellos mismos ahora violan de otra manera en el mundo sin haber pedido excusas o perdones por la oleada de crímenes que patrocinaron en los 60 y los 70 para aplastar a la juventud de América Latina. No pudieron por la fuerza, y se inventaron luego otros procedimientos alucinantes y alienantes que en todas partes pretenden imponer a los pueblos para perpetuar su dominio. Entre los peores asesinatos de aquellos tiempos estaban la violación a las leyes de la convivencia justa y a las constituciones democráticas de nuestros países, y un caso de estudio para las nuevas generaciones es la manera como, con el patrocinio del poder extranjero, fueron derrocados nuestra Constitución de 1963 y su Gobierno legítimo. Consecuencia de esos atropellos fue la invasión militar extranjera de 1965 santificada por OEA para oponerse al retorno al poder del Presidente Constitucional, si bien con gallardía supieron enfrentar el pueblo en armas y el Ejército constituído por guardias dominicanos de pura cepa el monstruoso atropello de las botas extranjeras. Desde 1947 tras la crisis de la geopolítica en Grecia y Turquia, la Doctrina Truman fue el antecedente del nuevo garrote que depuso a Betancourt en Venezuela, a Jacobo Arbenz en Guatemala, a Juan Domingo Perón en Argentina, a Juan Bosch en Santo Domingo, a Joao Goulart en Brasil, para citar solo unas muestras de los golpes de Estado propiciados por esa fuerza poderosa disfrazada para los nuevos tiempos. Por su conciencia de la historia del mundo y de nuestra Patria en 1973 el Maestro Juan Bosch inició un nuevo proyecto de desarrollo político concibiendo la política como arte y ciencia destinada a humanizar, a revalorar material y moralmente la vida del pueblo dominicano. A elevar sus niveles culturales y de conciencia para caminar hacia la meta trazada en 1844 por el patricio Juan Pablo Duarte. Juan Bosch dio apertura al nuevo sendero. Desde entonces han transcurrido 40 años, y hemos madurado, y aprendido bastante sobre lo que es la política aplicada, y de cómo se logran ciertos objetivos atravesando senderos sinuosos. Este aprendizaje nos ha servido para ir conformando una nueva maquinaria política que ya ha sido capaz de introducir las primeras reformas importantes en el Estado y las cuales van asentando las bases para transformar la sociedad dominicana. La nueva Constitucion de la República de 2010 es una de esas reformas. Como elemento zapata de la estructura del Estado Dominicano, esa Constitución nos recuerda a Juan Bosch y la que fue sustento de su gobierno en 1963. Aquella por la que los militares y el pueblo se lanazaeon a luchar en el día de la libertad, el 24 de abril de 1965. A veces aparenta que el fantasma de hace 50 años resucita, amedrenta, cuando poderes externos tratan de mediatizar las decisiones de nuestros organismos constitucionales. Nuestra generación tiene en sus recuerdos los traumas que produjo el atropello del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963, pero también tiene presente que el pueblo dominicano y sus militares conscientes supieron elevar en alto en 1965 la dignidad nacional. Valga este recordatorio para que aquellos que hoy pretenden dar un nuevo Golpe de Estado, de otro tipo quizás, subvirtiendo, tratando de derrocar nuestra Constitucion, como se evidencia en las órdenes que pretende imponer la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) la tristemente célebre OEA. Un Pueblo con 500 años de Historia: el Dominicano Ignorantes de la historia, pretenden desconocer los golpistas de nuevo cuño que hace alrededor de 500 años un gran encuentro o choque, confrontación o crisis de civilizaciones, se produjo en el paraíso terrenal que pasaría luego a ser ubicado en el mapa mundi como la isla de Santo Domingo o Española. Una organización social más fuerte, dotada de instrumentos de hierro y pólvora, se impuso sobre una cultura agrícola, pastoril y de piedra pulida. Cuando los conquistadores de España desembarcaron en aquel pedazo del Nuevo Mundo, se inició el proceso disolvente de la civilización índigena y la creación de una sociedad basada en relaciones sociales distintas. La explotación de mano de obra esclava, la extracción de minerales como el oro, el cultivo intensivo de la tierra, y un distinto ordenamiento de las jerarquías de poder iban formando un tipo diferente de sociedad. Naturalmente que todo fue sucediendo al compás de las necesidades de la metrópolis que regía la vida de La Española, de sus habitantes y encomenderos. Con el pasar de los siglos, las nuevas relaciones sociales, el instrumento de comunicación oral establecido y los hábitos y costumbres que allí se desarrollaron dieron lugar a la formación de una antropología criolla desde el punto de vista cultural. Y así se fue formando un pueblo nuevo, el dominicano, que ya para el 1821 tenía las chispas que le permitían a su pequeña élite dirigente vislumbrar la búsqueda de un espacio en el concierto de los Estados modernos que estaban creándose en América y el mundo. Ese pueblo adquirió conciencia política y patriótica, hasta el punto de que decidió tomar el machete en 1844 y 1863 para reafirmar su decisión de constituir un Estado libre e independiente que arbitrara y ordenara sus relaciones sociales. Mostraba su voluntad de futuro. No pudo una dictadura militar de una soldadesca extranjera durante el período 1916-1924 borrar a las dominicanas y dominicanos del mapa de la tierra. Ni la invasión militar extranjera de 1965 convertida en atropello impidió que ese pueblo heroico ratificara sus deseos de ser libre e independiente. A pesar de que fue entonces cuando empezó la descomposición social que aún padecemos, el espíritu que busca una sociedad fundamentada en valores humanos fraternos de justicia, solidaridad y progreso mantiene viva la luz de la cohesión social del pueblo dominicano, su cultura y sus metas nacionales. Quieren Aplastar y Expulsar de su Territorio al Pueblo Dominicano La razón, el motivo y la justificación para que durante los últimos 20 años se haya estado desarrollando sistemáticamente un conjunto de acciones tendentes a empujar hacia el abismo al pueblo dominicano habrá que explicarla. ¿Cuál es la racionalidad de esta política? De sacar, de ir desplazando a un pueblo, a sus niños y niñas, adolescentes y jóvenes, hombres y mujeres, ancianos y ancianas de sus barrios, sus campos y ciudades. De expulsarlos poco a poco de los lugares donde nacieron o han convivido con sus padres y abuelos, y de crearles dificultades para que pierdan su PAZ social. ¿Qué sentido tiene traer extraños para desarraigar a los dominicanos y dominicanas de su patria? ¿Por qué se ha pretendido hacernos creer que entregándoles el territorio nacional a extranjeros se podrá mejorar las condiciones de vida de esas masas de inmigrantes mientras se perjudica a los dominicanos y dominicanas? ¿Qué pasará cuando estalle el conflicto barrial o rural entre poblaciones tan divergentes? ¿Creen los que han venido propiciando esta política que los dominicanos y dominicanas que tendrán que verse forzados a dejar su país podrán recuperarse del trauma de ser apátridas? Nos llevan hacia eso, dominicanos y dominicanas. Las dos intervenciones e invasiones militares que han desembarcado en Haití desde 1994 son las que han acelerado este proceso de desnacionalización. Las evidencias son claras. Con el pasar de los años el país se ha llenado de haitianos que desplazan la población dominicana. Se ha creado una situación en la isla que puede conducirnos en un futuro próximo al colapso de la organización institucional del país. Pocos se dieron cuenta de esta amenaza que se expresó por primera vez en 1994. Sin Nación, sin Estado, los dominicanos y dominicanas en los próximos 20 años seremos apátridas. ¿Es esto racional? ¿O es fruto de la envidia o de la maldad y el egoísmo de los poderosos que no hacen ni aportan los recursos suficientes para que el pueblo haitiano transforme su nivel de vida sin que sea a costa de desplazar al pueblo dominicano de la patria que tanto sacrificio le ha costado construir durante 500 años? Y las paradojas de la diplomacia… Estábamos en los mediados del 2013 de la Era Cristiana. La República Dominicana empezaba nuevamente a llamar la atención de los medios de comunicación de masas por un hecho novedoso. Era un caso insólito. Primer país del mundo americano donde llega la cruz evangelizadora de Cristo, y primer país donde el representante diplomático del Papa, el Nuncio, es denunciado por una grave violación a la ley y las buenas costumbres. Estupefacto todo el mundo. Pues nada más y nada menos que semanas antes se anunciaba que el nuevo embajador de los Estados Unidos de América era un promotor de los derechos de los TGB. ¿Cómo es posible? Se preguntaban muchos recordando que la Constitución de la República Dominicana es clara: el matrimonio conforme a la ley natural inscrito en la ley positiva es exclusivamente el que se consuma entre un hombre y una mujer. Las noticias hubiesen indicado lo no grato si el embajador de la República Dominicana llegara a Washington D.C., propugnando en la plaza pública por su derecho a poner a pelear gallos con espuelas de acero, vieja costumbre dominicana, y en realidad lo que escandalizaba sucedía en el lugar de América donde todo fue primero. Sin embargo, el asombro y el estupor iba desapareciendo cuando en el mes de septiembre del 2013 aparecieron dos hechos imprevistos: 1. Nada más y nada menos que un dominicano que es ministro de Trabajo de los Estados Unidos nos acusaba: “Estados Unidos denunció el viernes que República Dominicana viola las protecciones laborales contempladas en el tratado de libre comercio DR-Cafta al permitir el tráfico de personas, el trabajo forzado y el empleo de niños en sus campos azucareros” (Listín Diario, 28 septiembre 2014). 2. La sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional sorpendió, pero la decisión del Secretario de Trabajo del gobierno de los Estados Unidos fue la primera señal que llegó desde Washington, DC, en desmedro de la imagen del Estado dominicano que en los meses siguientes se desarrolló. Para colmo de males, el 23 de septiembre se anunciaba el retiro temporal por licencia de salud de la Cancillería Dominicana del ministro Carlos Morales Troncoso. Su ausencia tuvo un efecto profundo en la falta de iniciativa del Servicio Exterior durante septiembre y octubre del 2013. El mes de octubre transcurrió en la polémica, y ganaban aparentemente los que desde fuera y dentro de la República Dominicana presentaban al pueblo dominicano como dirigido por un grupo de racistas desconocedores de los tratados internacionales. Durante estas primeras semanas la Cancillería Dominicana, sin cabeza, no hacía nada en materia de instrucciones al Cuerpo Diplomático. Entonces el 23 de octubre el papa Francisco recibió y saludó en un sitio privilegiado de la Plaza San Pedro al presidente del Senado, Reynaldo Pared Pérez. Tal como se ha revelado ahora, el papa Francisco sorprendió a Pared Pérez al plantearle brevemente el tema de los “desnacionalizados”. Eso no es así Santidad. A la primera persona a quien el Presidente del Senado le comentó su conversación con el Papa fue a mí. Pasamos un momento de incertidumbre, mientras rezábamos. De inmediato decidí preparar, sin haber recibido instrucciones algunas de la Cancillería sin cabeza, un dossier sobre el tema para Papa Francisco. Lo recibió, fue el primer Jefe de Estado del mundo debidamente documentado e informado sobre el tema, y lo agradeció por escrito. Una paradoja: la primera indicación para hacer algo de parte de la Cancillería sin cabeza llegó después que estuvimos junto al Presidente del Senado en la Audiencia con el Papa Francisco. ¿Alguien vio en aquellos meses o después alguna declaración del Papa o la Santa Sede en contra de la República Dominicana? Lo que sí vimos fue una intensa campaña difamante contra figuras nacionales defensoras de la soberanía nacional. En el mes de febrero el Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos volvió a emitir su acostumbrado informe crítico contra la República Dominicana. Así se le ponía la tapa al pomo. En Roma nos correspondió conversar con distintas autoridades, incluyendo al Arzobispo de Boston, Su Eminencia el Cardenal Patrick O’Malley, con el Cardenal de Haití Chablys Langlois y con muchos otros prelados y diplomáticos. Y sobre todo, nos dedicamos a defender oportunamente al país frente al despropósito que hubo de presentar de mala manera ante los ojos del mundo a nuestro Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, símbolo de la dignidad de la Patria Dominicana. “Él es bueno” -enterado de la campaña difamatoria por una carta que le dirigí-, nos dijo el Papa Francisco delante del propio López Rodríguez el pasado 23 de febrero.

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