Ante pregunta inesperada, al expresidente Danilo Medina le salió bien la respuesta de que nadie cuente con que el PLD le apoye en una alianza opositora, porque le sacó provecho mediático al colocarse en el centro de la controversia política del pais.
Sencillamente, porque de inmediato llevó a muchos a pensar que buscaba con la salida repentista- no elaborada- frenar la hemorragia que acusa el partido morado con la renuncia de dirigentes y militantes que de manera sostenida pasan a formar parte de la Fuerza del Pueblo y del proyecto presidencial del doctor Leonel Fernández, y que también pretendía quitar efecto al acto de juramentación en el partido verde del exsenador del PLD José del Castillo hijo, junto a miembros del comité central y unos 300 dirigentes de distintos noveles.
Para algunos, una respuesta neutra de Medina que dejara una puerta abierta habría sido que, a más de dos años para las elecciones, no es momento de hablar de alianzas. Pero sería mucho esperar, porque el hombre está “picado” por los desprendimientos del partido que lidera a su modo y manera y ha comenzado a “juramentar” él también.

Para duchos como el doctor Roberto Rosario, la salida del exgobernante no fue, necesariamente, impolítica, porque la apuesta inmediata tanto del PLD como de la Fuerza del Pueblo debe ser al crecimiento y fortalecimiento, no el entrar en temas electorales ni de posibles acuerdos sin tener más claro tamaño y posibilidades reales a futuro. Hay la creencia acentuada de que, pese a las criticas y puntos flacos del gobierno, para desplazarlo e ir con pasos más ciertos tras la reconquista del poder, la oposición precisaría de una compactación de la Fuerza del Pueblo y el PLD. ¿Una utopía?
Otro punto de mira apunta a que Danilo, inhabilitado constitucionalmente, no le interesa ni está jugando para llevar el PLD al poder, ni solo ni con alianza alguna, sino a que la oposición siga dividida. En pocas palabras, que trabajaría para que el PRM se quede en el poder.
Nada extraño, a partir de amistades y colindancias coyunturales que se le atribuyen tanto con Hipólito Mejía como con David Collado. Resulta que el PLD no es opción, por lo menos mientras existan o tengan el posicionamiento actual la Fuerza del Pueblo y el PRM. Uno por el crecimiento sostenido y peso específico del expresidente Fernández, y el otro, por el hecho de tener las riendas del poder político.
Así las cosas, se entiende que el peledeísta quiere ganar y llegar, y que de Danilo cerrarse a pactar alianzas con quien pudiera garantizar un triunfo de la oposición en las urnas se expone a que la estampida hacia la Fuerza del Pueblo siga su curso y que el PLD fundado por Bosch se quede vacío. ¿Alguien lo duda?
jpm-am

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