Crisis urbana: replanteo de prioridades solventables

imagen
EL AUTOR es economista y docente universitario. Reside en Santo Domingo

El pasado 4 de noviembre, será recordado como un día de infamia, tal y como lo enunció el presidente Roosevelt, el 7 de noviembre de 1945, tras el ataque a Pearl Harbour.

Para los citadinos dominicanos, ese día fue una verdadera infamia que se ensañó en el Gran Santo Domingo y el Distrito Nacional.

Este Follón Urbano, que puede ser un símil de aquel poema famoso del maestro dominicano Jose Antonio Alix que dedicó las 10 estrofas de su canto tanto a buscar al responsable de tal herejía (el peo) como a determinar (por su olor) el tipo de comida que provocó el malestar estomacal al susodicho.

Unas tres horas antes de los eventos follones, los organismos predictores del estado alertaron, aun con las precariedades que los afecta, con alertas amarillas, sin embargo, jamás tuvieron la oportunidad ni el tiempo requerido para estructurar modelos de precipitación tan severos y copiosos.

La ciudadanía, de una manera un poco irresponsable, ha querido culpar a estos organismos de los eventos ocurridos ese día 4 de noviembre, lo cual es un poco peregrino y falto de seriedad. Lo mismo les digo a algunos políticos que quisieron ¨pescar en ríos revueltos¨.

Esto asi, debido a que:

1-Las concentraciones súbitas de temperatura, humedad y gravedad, son impredecibles debido a la rapidez con que estas tres variables interactúan.

2-El exceso de pavimentación, no permite el drenaje natural de estas aguas, independientemente del sistema de drenaje urbano existente, ya de por sí muy saturado.

3-Esta saturación del sistema de drenaje se debe a la megadispersión de los módulos habitacionales en el gran santo domingo, que se ha cimentado en un crecimiento anómalo totalmente desfasado de la capacidad de ese territorio de incrementar sus drenajes, rutas de desagüe, agilidad vial y también, por qué no, la disminución de sus áreas verdes.

3-Ademas, existe un componente muy enquistado en las mentes de los citadinos: El Tó e Tó y el Ná e Ná.

4-Este comportamiento totalmente antisocial, se refleja en la actitud de los habitantes citadinos donde ya no importa el derecho ajeno, si no lo que predomina es el ¨yoísmo¨ vulgar y execrable.

5-Lo anterior, se percibe en la violencia de los conductores, la falta de civismo con los vecinos, el uso indebido de las aceras, la violación a las leyes de tránsito, y también loa falta de conciencia con el manejo de los desechos sólidos de los ribereños del Ozama y el Isabela.

6-Estos ¨citadinos¨ creen que ellos no tienen la responsabilidad cívica de no arrojar estos desechos en nuestras cañadas y ríos, debido a que siempre ¨habrá un pendejo que las recoja´. Claro está, el pendejo es el ayuntamiento municipal del área.

Como podrá apreciar el amigo lector, las variables que incidieron en el caos infame del pasado 4 de noviembre, son de diversa naturaleza y sus orígenes son más de índole social que institucional. Sin embargo SÍ podemos hacer algunos señalamientos.

1-Durante más de 40 años, los gobiernos municipales han adoptado una actitud muy tímida en lo relacionado con el drenaje pluvial. La mayoría de estos ediles prefieren el ¨embellecimiento urbano¨ porque es el que más se aprecia y genera votos. Sin embargo, cuando ocurren estos eventos infames, entonces se les viene abajo la aureola de éxitos y salen, raudos y veloces, a tratar de paliar los estragos de estos eventos.

2-El hacinamiento urbano marginal ha alcanzado una magnitud que desborda la capacidad de cualquier administración edilicia. Las concentraciones de módulos habitacionales en las riberas de nuestros ríos y cañadas, presenta un panorama incierto y desolador.

NOTA: ¡PRESIDENTE, EL PROBLEMA NO SON LAS CAÑADAS O RIBERAS DE LOS RIOS, ¡ES EL SEGUIR PERMITIENDO QUE CIUDADANOS CONSTRUYAN VIVIENDAS EN ESOS SITIOS!

3-Es ya una necesidad perentoria e impostergable trasladar a esas personas a áreas de tierra firme y planas, aun sea en propiedades del estado, en otras demarcaciones. Estos nuevos nódulos habitacionales deben de ser diseñados dentro de un esquema funcional, donde estén disponibles dispensarios médicos, escuelas, parroquias, etc. Podrían financiarse a través de fideicomisos.

NOTA: a)-Modulo habitacional: Unidad de vivienda

b)-Nódulo habitacional, conjunto de módulos habitacionales en un sitio especifico.

4-Estos nódulos habitacionales podrían ser entrelazados con las rutas del METRO, para que sus habitantes puedan seguir yendo a sus trabajos habituales.

5-Por último, tenemos que frenar el uso indiscriminado de terrenos urbanos y suspender, enérgicamente, la construcción de grandes torres en el perímetro central del Distrito Nacional. Esto evitaría que el caos urbano imperante llegue a niveles de entropía, evitando asi el colapso de los drenajes pluviales, alcantarillados, desagüe de aguas negras, sobrecarga de las redes eléctricas, hacinamiento social, carestía de áreas verdes, disminución de los parqueos, saturados por un parque vehicular, ya de por sí, monstruoso, etc.

Sabemos que la impronta necesaria para resolver el follón aquí descrito, no se promueva con dosis masivas de simeticona. Se necesita y replanteo de prioridades solventables que puedan ser ejecutadas en por lo menos cinco años o más. De lo contrario, seguirá el carnaval banal de inauguraciones irrelevantes que no aportarán nada a la solución del pasado Follón del 4 de noviembre.

jpm-am

¡Comparte esta noticia!
ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.
0 0 votos
Article Rating
Suscribir
Notificar a
guest
1 Comment
Nuevos
Viejos Mas votados
Comentarios en linea
Ver todos los comentarios
La defensa.
2 meses hace

Coincido con usted, Sr. Malagón, en que la construcción de altas torres sobrecarga las redes eléctricas y limina las áreas verdes y los parqueos. Sin embargo, no es «el exceso de pavimentación» lo que afecta el drenaje natural de las aguas, sino, los desperdicios plásticos y de otro tipo que son lanzados en nuestras calles, cunetas y cañadas.