El término violencia proviene del latín vis, que se refiere al uso de fuerza o coerción (física o moral) contra otra persona. El diccionario Littré define la violencia como el uso de la fuerza dirigida contra alguien, contra la ley, contra la libertad pública, etc. La violencia es un concepto muy amplio. Hoy en día, hablamos de violencia social, económica, financiera o política.
Cuando se refiere específicamente a un agresor y su víctima, hablamos de violencia interpersonal. Los fenómenos de violencia siempre han existido, todo el tiempo y en todo lugar. Cada año, los arqueólogos descubren osamentas demostrando una muerte violenta (cráneo destrozado, miembros robados), etc. La prehistoria nos recuerda pues que la violencia.
Que la violencia no llegó con el auge de la civilización moderna. No existe una sociedad completamente violenta. En todas las épocas de la historia y en todas las sociedades, los seres humanos han luchado para defender un espacio, un estatus, su honor, su familia o para obtener lo que no podían obtener legalmente.
¿Cómo explicar la persistencia de la violencia? ¿Cómo se hace que ciertas personas siguen trayectorias desviadas y cometen crímenes? No existe seguramente respuesta única a esas interrogantes. Muchos especialistas salidos en todos los continentes han, desde siempre, tratado de encontrar explicaciones a la violencia. Sin embargo, ninguna teoría no llega a un consenso.
No existe un factor único que explique la violencia, lo que revela por otro lado toda la complejidad de la criminalidad. El paso al acto criminal es el producto de un conjunto de factores criminógenos que es posible de distinguir según su origen: factores biológicos, factores psicológicos y factores sociológicos. Varias teorías criminológicas tratan de resaltar la existencia de eventuales características biológicas al origen de un comportamiento violento.
En 1912, un estudio aportando sobre la genealogía de una familia fue pública. El ancestro de esta familia era un héroe de guerra. Ahora, en generaciones que siguieron, fue posible distinguir dos líneas diferentes. Una era compuesta de médicos, jueces o aun hombres de Iglesia, mientras que el otro agrupaba criminales, prostitutas o vagabundos.
Otros estudios sobre las metodologías más rigurosas se centraron en la posible herencia de la violencia.
Algunos de estos fueron realizados sobre los gemelos (homocigótico y visigótico). Sus resultados fueron notablemente demostrado que el comportamiento delincuente y violento es, en parte, determinado por lo que los dos investigadores suecos habiendo realizado este estudio (Stephan Hurwitz y Karl Christiansen) llaman “el patrimonio hereditario “de la persona.
En los años 1980, un equipo de investigadores daneses igualmente investigó si existían predisposiciones genéticas al hecho de usar la violencia contra otro. Para eso, estudiaron la adaptación de cerca de 14 500 daneses adoptados.
Esos niños adoptados fueron después clasificados en cuatro categorías distintas: los niños que tenían padres biológicos no delincuentes, sino padres adoptivos delincuentes, los niños que tienen padres adoptivos no delincuentes, y para tener el grupo de niños que tienen padres biológicos delincuentes y padres adoptivos delincuentes.
El estudio encontró que el 20% de los niños fueron identificados como delincuentes cuando sólo los padres biológicos tenían antecedentes penales; mientras que sólo el 13% de los niños con padres adoptivos delincuentes, pero padres biológicos no delincuentes, fueron identificados como delincuentes ellos mismos.
Con el desarrollo de la bioquímica, algunos investigadores han tratado de aislar el gen o el cromosoma que sería responsable del crimen y más generalmente de la violencia. Desde 1965, un equipo de investigadores escoceses puso en relación los cromosomas determinando el sexo de personas y el hecho de ser más o menos agresivo. El sexo de un individuo es determinado por la presencia o no del cromosoma Y (xx para las mujeres, XY para los hombres)
Ahora, algunos hombres tienen cromosomas sexuales XY y, lo que es la resultante de un “accidente cromosómico”. Esos investigadores han demostrado que los hombres poseen esta particularidad genética serían más agresivos que los otros. Ellos serían en alguna especie los “súper machos”. Su hipótesis se estaría confirmando cuando se descubrió que había diez veces más hombres teniendo esta particularidad genética en una prisión que en la población normal.
Esta teoría del “gen de la criminalidad “ ha sido puesta en causa sobre todo por dos investigadores, James Wilson y Richard Herrstein, que en 1985, mostraron que la presencia de esta particularidad genética tenía principalmente por efecto de tener un desarrollo intelectual más lento, y cuyas perturbaciones del aprendizaje.

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