Por LUISANA LORA PERELLO
En un país donde las tragedias viales se cuentan a diario, el Sistema Nacional de Transporte Escolar (TRAE) se ha convertido en un respiro de confianza para miles de familias. Desde su creación, ha movido millones de niños a las escuelas en todas las regionales del Ministerio de Educación, sin registrar un solo accidente. Ese dato, dicho por su director Gabino Hernández, debería ser motivo de orgullo nacional.
Pero no podemos cerrar los ojos frente a una realidad alarmante: al menos una docena de choferes han sido desvinculados tras dar positivo en pruebas de dopaje. Estamos hablando de hombres que, sabiendo que transportan vidas inocentes, se subieron al volante con sustancias en la sangre.
La pregunta que cabe es simple y brutal: ¿cómo es posible que alguien que consume drogas pretenda conducir un autobús lleno de estudiantes? Eso no es descuido, ni un error humano común; eso es una muestra de irresponsabilidad criminal.

Reconozcamos el mérito de la institución en su protocolo estricto de pruebas aleatorias y en la decisión de cero tolerancia. Pero al mismo tiempo, como sociedad, tenemos que cuestionarnos: ¿qué mecanismos de prevención fallan para que estos individuos lleguen a ser contratados? ¿Qué vacíos sociales estamos dejando que permiten que un chofer crea que puede engañar al sistema y poner en riesgo tantas vidas?
Controles
Aquí no basta con aplaudir los protocolos. Es urgente abrir un debate sobre controles más frecuentes, sanciones ejemplares y, sobre todo, programas de acompañamiento que aseguren que quien se sienta detrás de ese volante sea, además de capacitado, un ciudadano consciente.
Nuestros niños merecen más que un servicio de transporte seguro. Merecen adultos que los respeten, que comprendan el peso de la responsabilidad que cargan y que, bajo ninguna circunstancia, jueguen a la ruleta rusa con su vida.
La desvinculación de esos choferes debe servirnos de lección: el país no puede transigir con la irresponsabilidad. Y menos cuando lo que está en juego son nuestros hijos.


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Buenos dias, muy buen articulo…!
No solamente los que consumen sustancias prohibidas son un peligro al volante, tambien aquellos que LA CONCIENCIA brilla por su ausencia y andan por nuestras calles haciendo rebases suicidas los cuales las autoridades se hacen de la vista gorda, y sabemos porque.
Otra pandemia son la mayoria de los motoristas, y lo peor de todo es que la gran mayoria han comprado el RELOJ del Hombre Genis, nadie los ve…!