Betancourt anticipó golpe a Bosch

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El autor es periodista. Reside en Santo Domingo.

POR PEDRO GIL ITURBIDES

Aureliano Sánchez Arango llamó a Rafael Bonilla Aybar en la primera semana de marzo de 1963. Deseaba despedirse de él y lo invitó a un breve encuentro en el hotel Paz, poco después Hispaniola.

Al recibir la llamada, Rafaelito me invitó para acompañarlo. “Ven deseo conozcas un amigo del exilio cubano. Entre Betancourt y Figueres lo han proclamado Presidente de Cuba en el exilio. ¡Ven!”.

Conocí a Bonilla Aybar en su retorno del exilio. Me incorporó al equipo del diario “La Nación”, como encargado de la sección política. Acostumbraba a llevarme a reuniones como ésta propiciada ahora por Sánchez Arango.

Ya no estábamos juntos, sin embargo. Relevado de la dirección del diario, salió para fundar “Prensa Libre”. Quiso me fuese con él, pero Rafaelito, como llegué a denominarlo, estaba muy a la derecha para mi pensamiento. Continuamos las relaciones en lo personal.

Esto explica me localizase para ir al encuentro con Sánchez Arango.
El saludo de éste, más que escueto, fue preocupante.

Tu tierra necesitará ahora, más suerte que gobierno, le dijo.

Luego de presentarme, nos sentamos bajo uno de los paragüitas cercanos a la piscina. Perplejo aún debido al enigmático saludo, Rafaelito, visiblemente inquieto, preguntó:

-Santo Domingo ha necesitado suerte desde el descubrimiento. ¿Qué quieres decir con ese saludo?

Sánchez Arango respondió:

-Rómulo se juntó con Bosch, solos ambos, antes y después de la toma de posesión. Sabes cómo es Rómulo. Lo inquietó el rechazo de Juan a recibir de parte del Presidente del Consejo de Estado, los símbolos del Poder.

“Conoces a Rómulo. Se corresponde con la muy corta relación de los políticos realistas de nuestros países. Se inquietó cuando la semana anterior a su jura, Juan le mostró indisposición para encontrarse con Bonnelly en la Asamblea Nacional.

“Antier, camino del aeropuerto, me dijo: Manuel, Juan no cumplirá el período. Ojalá le den tiempo para, al menos, mostrar su potencial. Sin embargo, lo dudo”.

Por supuesto, el reclamo de don Rómulo era incumplible para don Juan. Conforme relató Sánchez Arango, el Presidente venezolano le pidió definir su política exterior y la propia postura personal, en el contexto de la “guerra fría”.

Don Rómulo se mostró como ejemplo ante don Juan. En el decenio de los años cuarenta, le contó a Sánchez Arango, se inclinaba a la izquierda.

La experiencia de su administración de 1945 y la sucedánea de don Rómulo Gallegos, determinó rectificaciones para él.

Por eso, la administración en proceso desde 1959 (vencida en 1964), confrontaba a la izquierda venezolana. En el decenio de 1940 no sólo habría contemporizado, sino sería parte de esa experiencia. Para hacer de Venezuela un país de esperanzas, él estaba llamado a ser distinto. Y lo era, nos contó Sánchez Arango de su encuentro con don Rómulo.

Don Rómulo le desdibujó a Sánchez Arango un don Juan de pensamiento dubitativo. Le habló de “cambios” súbitos en el ánimo de don Juan.

“Vivía en tu país”, le dijo a Sánchez Arango y con el ascenso de Fidel Castro abandona Cuba para irse conmigo y con Pepe (aludía a la Costa Rica bajo el influjo de don José Figueres).

“Es posible esta retirada ante un régimen advenido de un levantamiento. Comprensible. Pero, ¿qué ocurre? Es electo Presidente aquí y ni chicha ni limoná”. Y no creo escuche a nadie en un intento de buscar su realineación”, le dijo don Rómulo a Sánchez Arango.

(Por cierto, acoto yo, don Rómulo era adicto a utilizar refranes y expresiones populares no solamente en su conversación interpersonal, sino en sus discursos).

Nos despedimos, pues don Ángel Miolán llegó para llevarlo al aeropuerto. Sirvió esta presencia a Sánchez Arango para ponderar un ser agradecido.

“¿Conoces a Ángel, Rafaelito? ¡De él puedo afirmar es hombre agradecido. Estoy en tu país, porque Ángel hizo su listica de aquellos por quienes su exilio fue menos doloroso.

“Otros, Rafaelito, otros…nada recuerdan”.

Don Ángel sonrió sin hacer comentarios.

Por nuestra parte, aprovechamos para despedirnos.

JPM

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